Radiografía Vs Tomografía del Tórax en la pandemia del COVID-19. Escrito por Zuleika Durán Salaberría.
Detectar la presencia del SARS-Cov-2 es una cuestión microbiológica, y por ello sabemos la importancia de los laboratorios y del personal bioanalista en la lucha por superar esta pandemia. Si el Bioanálisis fuese el protagonista en el apoyo tecnocientífico a la evaluación diagnóstica, la Radiología sería la deuteragonista en este episodio dramático de nuestra contemporaneidad y en el que esperamos el mejor de los finales posibles. Las técnicas de imagen han permitido no solo fundamentar un diagnóstico de COVID-19 ya que la afectación ha sido principalmente pulmonar, sino evaluar la gravedad de esta enfermedad en el paciente y detectar posibles complicaciones para guiar su tratamiento. El primer método lo representa la radiografía del tórax, considerada especialmente para pacientes con signos y síntomas de moderados a graves, y también una buena opción cuando el paciente expresa su disponibilidad para seguir las instrucciones pero posee bajos recursos. Sin embargo, es la tomografía computarizada de tórax la que posee muchísima mayor sensibilidad para la evaluación de la enfermedad, cuyos hallazgos frecuentes son opacidades en el espacio aéreo en forma de consolidaciones distribuidas de manera bilateral y casi siempre presentes en las bases pulmonares. Dicha sensibilidad no está dada solo por el detalle en la imagen de tomografía debido a la capacidad del aparato para reunir múltiples tomas en varios ángulos y crear una imagen procesada de manera informática (usando mucha más cantidad de radiación con respecto a la radiografía convencional), sino porque nosotros mismos hemos observado y algunos escritos han expuesto que las radiografías, al igual que las pruebas de laboratorio, pueden producir falsos negativos, ya sea por tomarse en una etapa muy precoz de la enfermedad, o por las opacidades y patrones típicos de la misma, que han resultado difíciles de detectar en este tipo de estudio, además de la técnica radiológica aplicada según las limitaciones que puedan hallarse. Las radiografías también pueden producir falsos positivos debido a la falta de inspiración en el paciente o el grosor de las partes blandas proyectadas sobre los campos pulmonares (músculo, grasa y hasta el tamaño de las mamas), ya que aumentan la densidad en la periferia de los pulmones y simulan opacidades que al final no son tal. La tomografía ha sido preferida en base a estas razones, y en determinados escenarios tales como la ausencia de PCR o la falibilidad de las pruebas rápidas, incluso ha sido aceptado su empleo como método de triaje. Por ello, es importante recordar que la dosis de radiación de la tomografía es de aprox. 9 mSv, una gran cantidad en comparación al 0.1 mSv de dosis efectiva por un Rayos X de Tórax. Esta es una razón de peso para seguir al pie de la letra las recomendaciones dadas por el médico tratante con respecto al tipo y a la frecuencia de los estudios radiológicos, tanto para el diagnóstico de COVID-19 como para la posterior valoración de la respuesta terapéutica con el paso del tiempo.
Referencias en los datos:
https://www.radiologyinfo.org/es/info/safety-xray
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7685043/
Comentarios
Publicar un comentario