La extranjera mucho después de Camus: Crónica sobre el caso Darlie Routier. Escrito por Zuleika Durán Salaberría. (La descripción de los hechos expuestos en el bloque medio de este escrito es en gran parte traducción del artículo "Tal vez Darlie no lo hizo", Texas Monthly Magazine, julio del 2002).

 

Cualquiera podría pensar que Meursault no habría terminado en la guillotina si hubiera sido juzgado en nuestros tiempos. La pena de muerte gracias a su incapacidad de llorar en el funeral de su madre más que por matar al árabe, parece el desenlace de una ficción producto de una mezcla entre medievalismo y tiranía de convenciones sociales, lejana a nuestra realidad actual, ahora blindada contra gazmoños, leguleyos y altísimos niveles de manipulación. No habría mayor problema en aceptar esta premisa si no fuera porque cada día somos testigos de casos como el de la novela. Parece que en el ambiente intelectual de nuestra era, llena de personas alfabetizadas, inclusivas y tecno-informadas-comunicadas, fluye la innovación de las ideas sin una vuelta atrás sobre aquellas desterradas cuando las bases mismas de nuestras sociedades fueron sacudidas por la sensatez. O tal vez es la conclusión lógica sobre algo que en la práctica no tiene la necesidad de cumplirse.  

Los progresos menos evidentes, o los no científicos, aparte de tener un grillete en las tradiciones, suelen ser promovidos por aquellos en cuyos espíritus se desarrolla esa sensatez, pero solo son aceptados con el tiempo por una sociedad entera que se conforma con tal imposición de ideas, porque entiende en el fondo lo bueno en ellas, pero no por haberlas promovido. Por ello, en la menor oportunidad, las personas se rebelan contra “la luz” para encontrar deleite en la oscuridad del castigo en base a proyecciones psicológicas, complejos, defectos y vicios. Lo vemos todos los días con los haters, los troles, los “pequeños tiranos” con un mínimo cargo de poder, los radicales de cualquier bando y hasta con los miembros de un jurado. 

            Es difícil seguirle la pista a un caso dentro de un país latinoamericano de dudosa democracia, en donde impera más el rumor que la información oficial veraz, y el temor es parte de la redacción de un escrito. Es posible hallar más dentro de una nación menos temerosa de mostrar, por encima de la manipulación de medios de comunicación masiva, que sus ciudadanos se equivocan y el sistema es falible. Son estos los sucesos concretos que nos miden en cuanto a los cambios en la opinión pública y la rapidez de absorción.

En junio de 1996 los estadounidenses conocieron a Darlie Routier, y nosotros desde este lado del continente americano, conocimos a una extranjera que pudo haber sido condenada, al igual que Meursault, por no haberse comportado como lo esperado, en este caso, para una madre quien había perdido brutalmente a sus dos hijos. Pero a diferencia del (verdadero) extranjero de Albert Camus, cuya mano sí apretó el gatillo varias veces contra aquel hombre, esta mujer podría estar sentada en un patíbulo de la vida real, a la espera de la inyección letal, con una presunta aunque remota posibilidad de inocencia. Desde este ejemplo sin desperdicio, intentaremos evaluar los hechos y hacer un correlato con el hoy a través de una mirada hacia un 1996 tal vez más parecido al 1942 de Camus que al 2020 del Coronavirus.

Existen demasiados detalles sueltos sobre el caso Routier, pero estos no parecieron importantes a la hora de juzgarla como filicida según un jurado motivado tanto por el horrible hecho como por las actitudes demasiado frías de una madre con tal luto. Fue una posición adoptada también por la parte acusadora, como si esa frialdad fuese el verdadero crimen: el intento de socavar los cimientos de una sociedad muy conservadora. La policía ayudó mucho en el asunto, tal vez más interesada en llevar a un culpable pronto tras las rejas que en hacer verdadera justicia. En estos días, el nombre de la mujer ha traspasado de nuevo las fronteras porque una vez más Darlie y sus defensores, entre ellos el padre de sus hijos y ahora exmarido Darin Routier, vuelven a dar pelea con lo que parece la única pista de su inocencia: una huella digital. Sin embargo, al escudriñar en algunos artículos del caso, son varios los datos que generan dudas sobre la culpabilidad de esta madre en el asesinato de sus pequeños, aún después de su condena. La intención de este escrito no es defender ciegamente su inocencia, sino el exponer las circunstancias bajo las cuales una persona puede ser condenada antes de su propio juicio y quitársele la vida a pesar de la posibilidad de una duda razonable porque duela más la amenaza contra las costumbres que contra la existencia misma.  

En líneas generales, la mayoría de los escritos en español reseñan la noche del crimen con igual contenido, probablemente por ser traducciones desde los mismos reportajes en inglés acerca de la noticia. La descripción del terrible episodio es similar en todos los sitios web, y al apelmazarlos obtenemos esto: el 6 de junio de 1996, Darlie Router dormía en la sala con sus dos hijos varones, Devon de 6 años y Damon de 5 años. Ella estaba en el sofá y los niños se habían acostado en el piso cerca del televisor hasta quedarse dormidos. Su esposo, Darin Routier, dormía arriba en la habitación principal junto al hijo menor, Drake, de tan solo 7 meses. Darin se despertó sobresaltado por los gritos histéricos de Darlie y ruidos de vidrios rotos. Al bajar, encontró a sus hijos heridos en la ensangrentada sala y a su esposa con cortes en brazo y cuello, quien le gritaba que un hombre blanco vestido de negro y con una gorra, los había atacado. Mientras la mujer llamaba al 911, el padre intentó reanimar a Devon. Damon yacía con los ojos abiertos y más de media docena de tajos en la espalda. Según su papá, ambos estaban en el mismo lugar en el que los había dejado durmiendo un tiempo antes. Al llegar la policía, Darlie, con una toalla en el cuello y el camisón manchado de sangre, les indicó que después del ataque, el criminal había escapado por un corte que hizo al mosquitero de la puerta del garaje. Ella fue trasladada en ambulancia al hospital que le dio de alta dos días después, tras los cuales rindió unas declaraciones tardías con respecto a las de su esposo.

El 9 de junio fue el entierro de los niños. El 14 del mismo mes, como era el día del séptimo cumpleaños de Damon (si hubiese estado con vida) sus padres fueron a celebrar en su tumba con globos multicolores, un pastel y serpentina en aerosol. El video de Darlie muy sonriente y mascando chicle fue considerado enseguida como actitud sospechosa, pues no correspondía con el comportamiento esperado para una madre a quien le habían matado a sus dos hijos pocos días antes. Frente a las críticas, el matrimonio declaró que no tenía nada qué esconder y tampoco tenía idea del porqué habían asesinado a sus hijos, pero ya era muy tarde. Las imágenes de esta madre quien no se veía devastada, fueron la mayor evidencia contra ella y el inicio de un juicio moral que al parecer llevó a dirigir la investigación policial para hacerla ver como culpable, con el conocido desenlace.

La mayoría de los artículos también redactan los mismos hechos que llevaron a la acusación formal de Darlie Routier como la posible asesina de sus hijos: Los policías no encontraron nada ni a nadie dentro o alrededor de la escena del crimen; los policías encontraron diferencias entre las declaraciones de Darlie y Darin; los policías señalan su extrañeza por observar a Darlie no muy preocupada por sus hijos durante la entrevista de esa misma madrugada; los policías tomaron declaraciones a médicos en emergencias quienes atendieron a Darlie la madrugada del asesinato y dijeron que sus heridas pudieron ser autoinfligidas, además de tomarles declaración a las enfermeras de hospitalización, quienes se expresaron de una forma negativa sobre ella por haber dado a todos distintas versiones sobre lo ocurrido durante el ataque. La policía parecía dirigir toda la artillería en contra de la mujer a raíz de la facilitación de una sospechosa por parte de la opinión pública.

La declaración más sensacionalista la propició el experto Tom Biesel, quien testificó que las gotas de sangre detrás del hombro derecho en el camisón de Darlie pertenecían a sus hijos, de lo cual extrajo una hipótesis sobre un supuesto patrón sangriento dejado por la hoja del arma homicida cuando la mujer levantó el cuchillo por encima de su cabeza varias veces, mientras lo retiraba de cada niño para apuñalarlo una y otra vez. La reacción de horror y rechazo ante ese cuadro ofrecido por la parte acusadora no se hizo esperar. Del lado de la defensa, la mayoría de los artículos no redactan más que las palabras del abogado Douglas Mulder sobre la falta de motivo por parte de Darlie para matar a sus hijos, y la inocencia sostenida por ella. El jurado no le creyó. A los ocho meses del crimen, la sentencia del tribunal fue la pena de muerte.

Este año, el caso ha sido noticia porque desempolvaron un asunto dejado por fuera en el juicio: la huella dactilar encontrada en la mesa ratona de la sala. Esta huella fue analizada hasta por uno de los más respetados antropólogos forenses de USA, con la inmutable conclusión de ser ajena a miembros de la familia, trabajadores de la salud quienes atendieron a las víctimas esa noche o al cuerpo de investigación criminal.  A pesar de coincidir con un adulto no identificado, lo cual refuerza la teoría de la defensa sobre la irrupción de un extraño esa fatídica madrugada, la huella quedó desestimada en el juicio original por estar demasiado dañada como para extraérsele una copia o una muestra de ADN. Pero el abogado J. Stephen Cooper confía en que un nuevo elemento del lado de la defensa, el Proyecto Inocencia de Nueva York, evite el fin de la historia de la huella no identificada, y ponga en libertad, o por lo menos, retire del corredor de la muerte a Darlie Routier.

Jamás sabremos lo sucedido con certeza esa madrugada, ni siquiera con los detalles más finos expuestos a la luz de este sinuoso caso, que algunas veces apunta hacia la inocencia de esta mujer y otras hacia su culpabilidad. La utilidad de conocerlos radica en una cierta evaluación del pasado a través de los lentes del presente. ¿Hemos avanzado con el nuevo milenio? Nuestros padres y abuelos parecían apelar más a la intuición, ese eslabón entre los sentimientos y los valores, para resolver lo jurídico. Nuestra era soporta cada vez más datos objetivos sobre novedosas creaciones técnicas, pero la palabra final siempre es de la gente, y la evidencia es procesada sin independencia de una intuición quizás contaminada de ciertas costumbres, desvalores y plasticidad. ¿Seríamos capaces hoy de superar un sesgo igual a la hora de diagnosticar una situación de cuyo resultado dependa la vida de otra persona?

Comencemos de nuevo, ahora con el escrutinio de artículos en blogs independientes y en especial, de un reportaje del año 2002 por parte de la revista mensual Texas Monthly, en gran parte traducido y reproducido en las siguientes líneas, como parte del cuerpo medio de esta crónica.

A las 2:31 de la madrugada del jueves 6 de junio de 1996, se hizo una llamada al 911 proveniente de una casa de dos plantas en ladrillo, estilo victoriano, ubicada en el 5801 de Eagle Drive Street en Rowlett, unos suburbios de Dallas, Texas, EE.UU. Darin Routier terminaba de bajar a tumbos las escaleras de su casa, medio desnudo y sin acomodarse bien los anteojos debido a los nervios. Con desesperación, intentó practicar RCP a Devon, su hijo de 6 años, pero al soplar el aire por la boca del niño, veía cómo este se escapaba a través de las dos cuchilladas en el pecho. Frustrado, comenzó a soplar dentro de los agujeros en el tórax de su pequeño, hechos con tanta fuerza que casi lo parten en dos. Cerca estaba su otro hijo, Damon, quien luchaba para tratar de respirar, echado según testimonio de su padre, en el mismo lugar donde lo había dejado durmiendo horas antes.

Darlie Lynn Peck de Routier decía a través del teléfono lo que gritó minutos antes a su esposo cuando encontró la escena del crimen: un tipo blanco con gorra y vestido de negro había atacado a sus hijos y a ella misma con un corte en su brazo derecho, otro en su hombro izquierdo y un tercero en el cuello. Luego sostuvo que peleó con el asaltante, y gracias al forcejeo, tiraron un armario de donde cayó una copa de vino. Intentó perseguir al intruso mientras este se escapaba a través de un corte hecho en el mosquitero de la puerta del garaje. Dos días después, una Darlie de 26 años declaró ante la policía lo siguiente: La despertaron los gritos de Damon en la oscuridad, que decían “¡Mami! ¡Mamá!”. Ella ni se había percatado que estaba herida. Vio a un hombre atravesando la cocina con dirección hacia el garaje y lo siguió. En el lavadero se encontró con un cuchillo y lo recogió. Fue allí cuando regresó a la sala y encontró apuñalados a Devon y a Damon, y se dio cuenta que ella también estaba herida. Su esposo Darin, quien estaba durmiendo arriba con el bebé Drake, bajó las escaleras después de oír sus gritos y comenzó a reanimar a Devon. Ya el asaltante había desaparecido.

Doce días después de esa fatídica madrugada, la policía arrestó a Darlie por los asesinatos de los niños. Se la llevaron sin testigos presenciales del crimen, sin confesión de su parte ni motivo psicológico, racional, real o lógico para tal asesinato. En cambio, sí tenían una montaña de evidencia circunstancial según la cual no había ningún intruso esa madrugada, evidencia física con sugerencias de que Darlie había escenificado el crimen, declaraciones de médicos con sugerencias de que sus heridas fueron autoinfligidas, y un video unos días después del asesinato con una escena de lo que habría sido el séptimo cumpleaños de Devon, en su tumba llena de familiares, amigos y Silly String rociado por la misma Darlie. El fiscal adjunto de distrito del Condado de Dallas y principal del caso, Greg Davis, y su compañero fiscal Toby Shook, dijeron estar “asqueado” y “disgustado” respectivamente, por esta especie de tributo de mal gusto. Davis dijo respecto a la grabación: “Ella acaba de perder a dos hijos y, sin embargo, está literalmente bailando en sus tumbas”. Davis mostro el mismo horror por el hecho de que los Routier interpretaron el éxito de Coolio, Gangsta´s Paradise en el funeral de sus hijos, aunque con menos disgusto que cuando señalaba a la acusada por usar 10 anillos a la vez en sus manos.

El 4 de febrero de 1997, Darlie fue declarada culpable y sentenciada a pena de muerte por un jurado en la ciudad de Kerrville, Hill Country, adonde se había trasladado el juicio. Los tres libros de bolsillo que salieron sobre el crimen al año siguiente, la colocaron en el lugar común de la madre quien encarna a la maldad un repentino día de estrés en que las cosas se salen de control. Pero a lo largo de los años, numerosas noticias y una investigación en curso de los abogados de apelación de Darlie, han planteado la posibilidad de una manipulación de la evidencia por parte de la policía y la fiscalía para implicar a Darlie porque de antemano, ya habían decidido su culpabilidad.

En el año 2002 habían sido creados unos seis sitios web para proclamar la inocencia de Darlie Routier. Alguien del jurado en el juicio dijo que él y sus compañeros sentían que habían tomado la decisión equivocada. Kerri Parris, otra miembro del jurado quien apareció ante las cámaras en The Last Defense, admitió que usó el hecho de que Darlie tenía implantes mamarios como un punto en su contra. "Eso no es algo que yo haría", dijo Parris, quien pudo haber estado parcializada desde el principio por los hechos: “Solo sabía que ella había matado a sus hijos. Estaba enojada por eso”.

Hasta la autora de uno de esos tres libros de bolsillo referidos había cambiado de opinión con el pasar del tiempo, y alegó que el jurado escuchó testimonios de perjuros y jamás le mostraron fotos de Darlie con el brazo morado, un evidente edema y gran sutura debido a la puñalada, o con su cuello herido, una cortada que según testimonio de Vincent DiMaio, jefe forense de San Antonio, estaba a dos milímetros de una arteria y no era compatible con las heridas autoinfligidas vistas por él a lo largo de su carrera. En su defensa hicieron notar que ella es diestra, así que le sería difícil herir su propio brazo derecho, pero para el jurado, Darlie jamás fue víctima de un ataque salvaje.

Los investigadores veteranos nunca creyeron que Darlie y sus hijos fueran las víctimas de un ataque aleatorio de un extraño. Para Alan Brantley, agente especial del FBI, la persona que mató a Damon y a Devon era alguien quien los conocía, y añadió que el atacante había tenido más cuidado con las cosas de la casa que con los chicos, además de parecerle raro que no hubiese atacado primero a la madre. Las declaraciones de las enfermeras quienes la cuidaron durante su hospitalización fueron negativas, al decir que ella dio distintas versiones sobre lo sucedido la fatídica noche. Algunos de sus conocidos hicieron lo mismo al reconocer que en algún momento fueron testigos de los insultos y malos tratos hacia sus hijos, física y emocionalmente.

La ABC News obtuvo el testimonio de una vecina, Jenny Lankford, según el cual Darlie parecía aliviada de que los chicos ya no estuvieran. Jackie Rogers, familiar de la acusada, reconoció durante su citación lo siguiente: “Siempre estaba gritando insultos, diciéndoles ­_ ¡saquen su culo de acá! ¡Vayan abajo ya mismo!_ Lo mandoneaba mal al pequeño Devon y lo empujaba hacia abajo. En mi opinión, abusaba emocionalmente de ese chico”. Mercedes Adams, amiga de la inculpada, estaba con ella cuando fue dada de alta del hospital, y relató que al llegar a la casa y entrar al living, desde donde veían el estado en que había quedado, Darlie puso los brazos en jarra y dijo: “¡Mira este f#*k!n desastre! Costará una fortuna arreglar esta mierda”. Mercedes dice que la agarró por los hombros, la miró a la cara y le espetó: “Darlie, mírame a los ojos y dime que tú no mataste a los niños”. La respuesta fue para esta amiga algo increíble. Darlie, mirándola a los ojos tal como se lo había pedido, le dijo: “Voy a conseguir una alfombra nueva, y otras cortinas para arreglar este lugar”.

El público también intervino: un empleado de una casa de empeño notó que Darlie “a menudo iba a su tienda sin sostén y usaba un lenguaje soez". Es entendible que después de declaraciones como estas, cualquiera piense en ella como la asesina, pero, ¿lo es? ¿Hundió ella ese cuchillo en el cuerpo de sus dos hijos? Podría ser superficial, zopenca, depresiva o hasta padecer de alexitimia, pero, ¿es una filicida?

El lado acusador también tiene otra gran pregunta: ¿Por qué alguien aparecería en un vecindario suburbano, agradable y a la vez, desconocido, para luego escoger una casa, iluminar un callejón sin salida, ingresar a través de una ventana de garaje a unos pocos pies de una caseta para perros, andar por un cuarto de servicio oscuro, llegar a la cocina, agarrar un cuchillo de carnicero, dirigirse hacia la sala y apuñalar a dos niños con su madre?

Al principio del caso, algunas personas de la comunidad sostuvieron que a 800 metros de la casa Routier, hubo otro intento de robo similar con el corte de un mosquitero en la puerta. Una testigo, Darlene Potter, declaró haber visto a dos hombres de apariencia sospechosa esa noche. Otros vecinos le dijeron a la policía que habían notado a un automóvil oscuro cruzar lentamente algunas semanas antes del homicidio; uno de esos vecinos dijo que el automóvil se detenía en ocasiones cerca de la casa de los Routier. Pero los investigadores del caso nunca pudieron encontrar a alguien con una razón para hacerles daño.

            Existe una pieza en la investigación que no fue publicada sino hasta el año 2002 gracias al investigador privado Richard Reyna, quien trabajaba para el abogado de apelaciones de Routier. Sus pesquisas revelaron que el aún esposo de Darlie en aquel momento, Darin Routier, había admitido en el año 2001 que en la primavera de 1996, debido a los problemas con su negocio y a una deuda de 22.000 dólares, le había preguntado a Bob Kee, padrastro de Darlie, si conocía algún tipo quien pudiera irrumpir en la casa familiar para hacer una estafa al Seguro. Una vez que los muebles y artículos fuesen “robados”, Darin los recuperaría con el supuesto ladrón y le pagaría con las ganancias de su reclamo al seguro contra robos. Al ser interrogado para el artículo del Texas Monthly, Darin Routier negó tal declaración, pero al poco tiempo, luego de ser confrontado con declaraciones juradas de Bob Kee y Richard Reyna, confesó que había hablado con el padrastro de su esposa acerca de fingir un robo. Ante la pregunta sobre si había hablado con alguien más del plan, específicamente con un par de ladrones de carros con renombre en Rowlett (Dallas), Darin replicó vacilante: “Existe la posibilidad de que haya dicho lo mismo en una conversación con personas que trabajaban a mi alrededor. No recuerdo lo que dije. Pero hay una gran posibilidad de que eso estuviese en mi mente, y en la conversación lo pude haber dicho”. 

De todas maneras, Darin Routier insistió en que nunca llevó a cabo dicho plan, y Reyna dijo no haber encontrado evidencia de lo contrario. Ante la historia de Darin, los fiscales del caso en contra presumieron que este tipo de información era conveniente en el pleno proceso de apelación dado para aquel entonces, y parecía más bien un intento de “publicidad favorable” para Darlie Routier por parte de sus abogados. Y es que de haber sido un robo, o simulacro de robo, ¿por qué el ladrón no agarró por lo menos algunas de las joyas de Darlie que estaban en el mostrador de la cocina? ¿Por qué solo agarrar un cuchillo de carnicero y asesinar a los niños? De igual forma, la renuente admisión del esposo plantea la posibilidad de un resultado distinto en este caso si el plan de robo falso hubiese salido a la luz antes del juicio: los fiscales tal vez no habrían buscado la pena de muerte, los abogados defensores habrían usado esta información para crear una duda razonable e incluso, absolver a la acusada con independencia de su verdadera culpabilidad, o en última instancia, probar lo que Darlie Routier ha repetido hasta el cansancio: que ella no mató a sus hijos.

A lo largo de todos estos años, son muchos los detalles que han examinado periodistas, investigadores, abogados y policías acerca de la vida de Darlie Routier. Las referencias sobre filicidio materno han sido revisadas una y otra vez sin resultados concordantes con este caso. A diferencia de Andrea Yates, también de Texas, quien ahogó a sus pequeños en la bañera y le fue diagnosticada depresión posparto, psicosis y esquizofrenia, Darlie no tenía antecedentes de enfermedad mental o alucinaciones psicóticas. A diferencia de Susan Smith, la madre de Carolina del Sur quien ahogó a sus hijos en un lago, ella no tenía antecedentes de abuso o incesto. Tampoco tenía antecedentes penales o algún conocido adulterio.  

Darlie parece haber vivido una infancia bastante tranquila desde su nacimiento en Pensilvania y durante su adolescencia en Lubbock junto a su madre, Darlie Kee, y su padrastro, Bob Kee. Parecía ser una quinceañera con una chispa especial, o según Darin, una emprendedora, como lo notó cuando la conoció en el Western Sizzlin´ donde trabajaba de cocinero junto a su propia madre, quien atendía las mesas. Él tenía 17 años cuando iniciaron su noviazgo, momento en que era calificado en el anuario escolar de su pequeña secundaria a las afueras de Lubbock, como la persona con más probabilidades de tener éxito. Cuatro años después se casaron en el patio trasero de la casita de los padres de Darin. Al poco tiempo se mudaron a Dallas, con planes de demostrar aquel buen augurio de sus compañeros hacia él. Fundaron una pequeña compañía de placas de prueba para circuitos electrónicos, y cuando comenzó a generar mucho dinero, los jóvenes esposos Routier se volvieron locos. Compraron una casa de 130.000 $, le agregaron mármol al baño, una gran alfombra blanca en el comedor y unos 12.000 $ en cortinas a la sala de estar, además de una fuente de 600 $ para el patio delantero y un spa de secuoyas de 9.000 $ para el trasero. Darin compró un crucero de camarotes de 30 pies para usarlo en el cercano lago Ray Hubbard y un Jaguar 1982 para ir al trabajo. Darlie gastó unos 800 $ en una lápida destinada a la tumba de su querido gato enterrado en un cementerio de mascotas.

La compañía generó unos 500.000 $ de ingresos brutos para 1995 y Darin podía pagarse un salario anual de 125.000 $. El matrimonio pertenecía a una categoría en la que pocos ingresaban, y menos a esa edad. Ellos gastaban tanto como ganaban. Un grupo de sus vecinos se refería a ellos como una versión de los Beverly Hillbillies, compuesta por un Darin de franelas cortas y arremangadas para mostrar sus trabajados músculos, de larga cabellera y relojes de oro y diamante, y por una Darlie de blusitas ajustadas para mostrar sus implantes mamarios 36D, bronceado de salón, anillos de diamante en cada dedo y un cachorro que hacía juego con su cabello. Otro grupo fue algo más considerado y prefería verlos como una suerte de Ozzie y Harriet de los años noventa, en referencia al show del matrimonio Nelson y su vida al frente de las cámaras y tras la radio. Darlie era la ama de casa hornea-galletas quien alojaba montones de niños en casa mientras pasaban el rato en la gran sala de juegos diseñada por Darin. Llegaron a cocinar hasta para vecinos necesitados y pagar la hipoteca de alguno con cáncer. Incluso, después de su arresto, varios niños colocaron carteles en el frente de sus casas proclamando la inocencia de la señora de la “Casa Nintendo”.

El negocio Routier comenzó a padecer a principios del año 1996. Desde ese entonces, la familia se enfrentó a facturas atrasadas, deudas de hasta 12.000 $ en tarjetas de crédito, retrasos en la hipoteca e impuestos de mora por 10.000 $. Al parecer, el matrimonio no ventiló estrés alguno por sus problemas económicos ante sus vecinos. De hecho, Darin inició un segundo negocio llamado Champagne Wishes, en el cual llevaba a las personas en su crucero alrededor del lago durante el atardecer mientras bebían champán y usaban un camarote. Darlie jamás bajó el ritmo de sus compras, y para la semana de los asesinatos, tenía planeado un viaje a Cancún con unos amigos. Sin embargo, algo andaba mal con Darlie puesto que el 3 de mayo de 1996, un mes antes de los homicidios, relató en su diario la intención de acabar con su vida por medio de una sobredosis de pastillas para dormir, pues “mi vida ha sido una lucha tan dura durante mucho tiempo, y simplemente no puedo encontrar la fuerza para seguir luchando”. Comenzó con un “espero que algún día me perdonen por lo que estoy a punto de hacer” pero nunca terminó la entrada en el diario y tal vez por eso, muchos lo tomaron después como una confesión de un crimen premeditado. Tampoco tomó las pastillas, al parecer porque logró hablar ese día con Darin por teléfono y este corrió a casa para consolarla.

Según Darlie, se avergonzó por ese episodio y jamás volvió a pensar en quitarse la vida. Lo que describió como un “sentimiento de aburrimiento” lo justificó por el hecho de no haber tenido la menstruación desde hacía un año. Ella dijo que al bajarle el periodo unos días después de sus pensamientos suicidas, su ánimo se disparó. Las personas interrogadas sobre este aspecto, dijeron no haberla notado particularmente abatida esas semanas previas al terrible suceso. Su vieja amiga Barbara Jovell, a pesar de recomendarle asesoría psiquiátrica y hasta tratamiento en un centro especializado tal como ella misma lo tomó cuando se sintió suicida en algún momento, de todas maneras no pensó que Darlie estuviera desesperada o autodestructiva. No actuó de manera diferente. De hecho, a finales de mayo, ella y Darin llevaron a los niños a Scarborough Faire, un festival con personajes vestidos en trajes medievales. Darlie lució allí un extravagante traje de seda tipo “danza del vientre”.

La noche del 5 de junio de 1996, luego de haber jugado en la bañera de hidromasaje gran parte de la tarde, los niños Routier se acurrucaron debajo de las mantas frente a un televisor que Darin recién había instalado en la sala de estar. Los esposos coincidieron en que hablaron hasta pasada la medianoche; en un principio discutieron porque Darlie no podía soportar tener que esperar a Darin para salir, ya que en ese momento solo disponían de un automóvil, pero poco a poco fueron desviando el tema hasta despedirse con un cariñoso beso. Darin subió al dormitorio principal donde Drake, entonces de siete meses, estaba dormido. En cambio, Darlie se acurrucó en el sofá de cuero negro en la planta baja junto a Damon y Devon. Según ella, había estado durmiendo en ese sofá durante toda la semana para cuidar a los muchachos porque solían dormir abajo desde que terminaron la escuela, y porque ella tenía el sueño ligero y a veces Drake la despertaba desde su cuna.

Unas horas más tarde, un operador del 911 en Rowlett recibió una llamada frenética. “¡Alguien entró aquí!”, gritó Darlie. “¡Simplemente nos apuñalaron a mí y a mis hijos!”.

La policía comenzó el caso contra Darlie desde esa llamada al 911. ¿Por qué en medio de tal locura, ella sintió la necesidad de decirle al operador que había recogido el cuchillo de carnicero, que sus huellas digitales estaban en él  y que esperaba que aun así, lograran obtener las huellas del atacante? Uno de los primeros agentes en la escena del crimen, el detective Jimmy Ray Paterson, testificó en el juicio que se quedó perplejo porque Darlie no atendía a sus hijos, incluso cuando él se lo pidió. En cambio, se llevó una toalla al cuello. Las enfermeras del hospital al que llevaron a Darlie dijeron que al informarle la muerte de los niños, ella no reflejó emoción alguna; tampoco se disolvió en la histeria, como suelen hacer las madres al enterarse de la pérdida de sus hijos.

El relato de Darin concordaba perfectamente con la escena del crimen para los investigadores, no así el de Darlie. Después de los asesinatos, al parecer ella dio versiones contradictorias sobre lo que exactamente le había hecho el intruso. Según un primer oficial, Darlie le dijo que había luchado con su agresor en el sofá. Un segundo oficial indicó que Darlie le refirió al mostrador de la cocina como el lugar de la pelea. Una amiga dijo que Darlie le narró en el hospital que recordaba estar acostada en el sofá mientras el hombre le pasaba el cuchillo por la cara, pero en el escrito formal de su declaración contenido por la policía, Darlie sostuvo que la única vista del hombre la obtuvo mientras este se alejaba del sofá, y no podía recordar más detalles sobre él o el ataque aparte de que vestía ropa oscura y una gorra de béisbol. Si ella dormía en la sala porque tenía el sueño liviano y su bebé la despertaba desde su cuna, ¿cómo fue posible que no se haya despertado durante el brutal ataque contra sus hijos, ocurrido apenas a unos metros de distancia? Su abogado alegó que Darlie tomaba sedantes para ese entonces, lo cual según él podría explicar esto y también su falta de reacción ante las indicaciones de la policía poco después.

La policía se volvió suspicaz con respecto a Darlie cuando algunos profesionales en salud, quienes la trataron al ingresar esa terrible madrugada, dijeron que sus heridas pudieron haber sido autoinfligidas. Ella fue a mostrarle a la policía unos días después sus moretones oscuros que le cubrían desde la muñeca hasta el codo del antebrazo derecho, pero los médicos quienes la re-examinaron dijeron que esos hematomas eran demasiado recientes para haber sido producto de la noche de los ataques. Sostuvieron que probablemente Darlie se golpeó los brazos con un objeto contundente después de haber salido del hospital o alguien más la golpeó, para así lograr convencer a la policía sobre su brutal ataque.

Después de estudiar la escena del crimen, la policía notó que el supuesto intruso por lo visto había entrado en la casa cortando el mosquitero que cubría una ventana baja dentro del garaje para después atravesar la rendija. ¿Por qué simplemente no quitó la pantalla como suelen hacerlo los ladrones? La ventana del garaje estaba cubierta de polvo y este no se había visto alterado en lo absoluto, clara indicación de que por allí no había salido nadie, aparte que las flores debajo de la ventana tampoco habían sido pisoteadas.

Para evaluar la veracidad de la historia de Darlie, un experto forense intentó replicar la serie de movimientos del intruso, dejando caer un cuchillo ensangrentado desde la altura de la cintura al piso del lavadero mientras se dirigía hacia la puerta del garaje. La sangre se esparció por el suelo en un patrón que parecía completamente diferente de los pequeños charcos encontrados en el lavadero la noche de los asesinatos. Cuando se roció un químico llamado Luminol alrededor de la cocina para revelar rastros de sangre invisibles al ojo humano, se descubrieron manchas en el fregadero, consistentes con alguien quien se lava la sangre de las manos. Según indicaron, parte de la sangre de Darlie alrededor del fregadero había sido limpiada con una toalla. Los policías se preguntaron acerca de la posibilidad de que ella se hubiera cortado la garganta en el fregadero y luego intentara limpiar su propia sangre.

El experto Tom Biesel encontró pequeñas gotas de sangre de los niños en la parte trasera del camisón Victoria´s Secret usado por Darlie esa fatal noche. El hombre teorizó que la sangre llegó allí cuando goteaba desde el cuchillo y caía en su espalda, mientras levantaba el brazo hacia atrás y por encima de su hombro al apuñalar con fuerza a sus hijos. Pero el abogado defensor indicó que las pruebas ya estaban contaminadas porque la ropa de Darlie y la de sus hijos fue puesta en la misma bolsa de evidencia.

Charles Linch, principal analista de rastros de evidencia en todo el condado de Dallas, soltó otra bomba: dijo haber encontrado un cuchillo de pan en la cocina que contenía una fibra casi invisible, de 60 micras de largo, compuesta por vidrio recubierto de goma. Linch teorizó que dicha fibra se veía exactamente igual a la fibra de vidrio de la pantalla cortada por el intruso en aquella ventana. Solo alguien dentro de la casa pudo tomar ese cuchillo y cortar la pantalla, y debido a que Darin había bajado las escaleras y dado de inmediato RCP a Devon, una historia consistente con la de Darlie, la policía supuso entonces que fue ella.

Por otra parte, la noche de los asesinatos una de las medias de Darin fue encontrada en un callejón a unos 75 metros de la casa. Tenía dos pequeñas manchas de sangre: una de Damon y otra de Devon. ¿Qué estaba haciendo ese calcetín allí? La policía especuló que Darlie se había llevado el calcetín a tres casas de distancia para que pareciera que el intruso lo había dejado caer durante la fuga. Sin embargo, no pudieron encontrar sangre de Darlie fuera de la casa o en la propia prenda. Tampoco había sangre en el patio trasero, ni en la valla ni en el callejón. Si ella había plantado el calcetín, ¿cómo evitó dejar su propio rastro? Una vez cortada su garganta, ella perdió una cantidad significativa de sangre.

Los detectives y los fiscales teorizaron de nuevo y sostuvieron lo siguiente: Darlie apuñaló a sus hijos hasta la muerte, corrió por el callejón con el calcetín, tal vez para dar la impresión de que el intruso lo había usado para mantener sus huellas fuera del cuchillo, y luego se cortó en el fregadero. Ya fuese antes de apuñalar a los niños o antes de apuñalarse a sí misma, cortó la pantalla de la ventana con el cuchillo de pan. Una vez hecho todo eso, llamó a Darin y luego al 911.

Ahora bien, si Darlie quería que la policía se topara con el calcetín, ¿por qué no arrojarlo más cerca de la casa en vez de dejarlo tan lejos, al lado de un basurero, donde corría el riesgo de ser pasado por alto? ¿Y por qué no empapó el calcetín para que la policía supiera con claridad que era un objeto de la escena del crimen? Además, ¿Darlie tuvo el tiempo para hacer todo eso antes de que llegara la policía? Los registros indican que ella estuvo hablando por teléfono con el operador del 911 por 5 minutos y 44 segundos, y justo al cerrar la llamada, un oficial de policía entró a la casa y estuvo allí por 1 minuto y 10 segundos hasta la llegada de los paramédicos. Estos encontraron a Damon respirando aún. Murió poco tiempo después, y según uno de los médicos que estudió la gravedad y ubicación de las heridas del niño, Damon no pudo haber vivido más de 6 minutos, o cuanto mucho, 9 minutos después de haber sido apuñalado la primera vez. Si se suman los 9 fatales minutos, más la llamada al 911, más lo de la presencia del policía, en realidad Darlie solo disponía de 2 minutos y 6 segundos para apuñalar a sus hijos, dirigirse al garaje, atravesar la rendija en la pantalla de la ventana, pasar la puerta trasera o saltar la cerca, correr descalza 75 yardas hasta un callejón, dejar caer la media con manchas de sangre, devolverse en las 75 yardas, apuñalarse, limpiar la sangre alrededor del fregadero y comenzar a gritar para despertar a Darin.

Los fiscales no tuvieron una buena respuesta al enigma de la línea de tiempo, y solo se limitaron a decir que el médico simplemente estaba adivinando los 9 minutos que le tomó a Damon morir. Para ellos, con una buena planificación, Darlie pudo haber tenido tiempo suficiente para cometer los asesinatos y preparar la escena del crimen. Si no era así, ¿Por qué el asesino solo le cortó la garganta y apuñaló su hombro y antebrazo en vez de hundir el cuchillo con profundidad en su cuerpo tal como lo hizo con los niños? ¿Por qué no se aseguró haberla dejado muerta antes de huir para que no pudiese identificarlo?

Pero una “calculadora” Darlie tal como la descrita por ellos, ¿no habría tenido una mejor historia para contar y mejores pruebas falsas qué plantar? ¿No se habría asegurado de que ambos niños estuviesen muertos antes de llamar al 911, ya que los quería, de hecho, muertos? ¿No se habría deshecho de su diario? ¿No se habría asegurado de llorar a moco suelto cuando la mínima ocasión se presentase? Si esta mujer estaba molesta por la falta de dinero, razón expuesta por fiscales y policías para el crimen, ¿por qué ir tras los niños, cuyas pólizas de vida eran de 5.000 $ cada una y no matar a Darin, con una póliza de 800.000 $? Nada más el funeral les costó 14.000 $. Si fue por estar abrumada gracias al estrés de la maternidad, otra de las posibles razones expuestas por la fiscalía, ¿por qué no mató a Drake, el bebé de 7 meses y motivo de mayor atención y cuidados?

El abogado defensor de Darlie, Doug Mulder, uno de los más prominentes y carismáticos de Dallas, se dirigió a los miembros del jurado durante el juicio, con la pregunta casi insistente sobre si realmente podían creer que una madre cariñosa, durante una noche de verano, le hace unas cotufas a sus hijos, mira una película con ellos, y de repente se vuelve una loca empuña-cuchillo. Un psiquiatra quien había acumulado 14 horas de sesiones con Darlie después de su arresto, sostuvo que ella decía la verdad acerca de los sucesos, y que su pérdida de memoria sobre los detalles del ataque era producto de una amnesia traumática, propia después de eventos emocionales abrumadores. Mulder entrevistó a enfermeras en el hospital quienes dijeron haber visto a Darlie “llorosa”, “asustada”, “en llanto”, “visiblemente molesta” y “muy exaltada” la noche de su ingreso. Vincent DiMaio, médico forense y jefe de servicio en San Antonio, editor en jefe de la prestigiosa Revista de Patología de Medicina Forense, testificó que las heridas de esta mujer en absoluto parecían autoinfligidas, y el corte de su garganta no fue “superficial” como alegaron los fiscales. Finalmente, la propia Darlie subió al estrado y explicó que se había parado en el fregadero de la cocina para mojar toallas y colocarlas sobre las heridas de sus hijos, y que la escena en la tumba de Devon era su forma sincera de desearle al niño un feliz cumpleaños, pues esperaba que él mirara el festejo desde el cielo.

Así como hay víctimas imperfectas, hay testigos no convincentes. Darlie podría pertenecer a ambos grupos: lloró en momentos extraños y se puso a la defensiva, pero en extremo, bajo el interrogatorio de Toby Shook, el veterano fiscal del condado de Dallas quien no dejaba de criticarla por su “amnesia selectiva”. Uno de los expertos quien atestiguó en contra, promovió de manera muy agresiva la culpabilidad de Darlie y al final, por más circunstancial que fuese la evidencia, era demasiado para los miembros del jurado. Durante la deliberación, vieron un reportaje sobre el cumpleaños de Devon en el cementerio unas 7 veces y jamás les mostraron una cinta grabada en secreto por la policía con Darlie llorosa sobre las tumbas de sus hijos. Tampoco hubo la misma cantidad de testigos expertos por parte de la defensa para contrarrestar a los peritos de la fiscalía, quienes contribuyeron en montar una imagen casi perfecta de Darlie como la rubia decolorada masca-chicle mentalmente desequilibrada que podía parecer tan indiferente como absolutamente eufórica en torno a la muerte de sus hijos.

Luego de la condena de Darlie, muchos simpatizantes han querido demostrar su inocencia. Un escritor del suburbio de Lewisville en Dallas, quien publicó un libro sobre el caso, creía que el asesino era el hijo de un detective de la policía de Rowlett. Brian Pardo, un millonario de Waco, gastó 100.000 dólares en una investigación independiente de los asesinatos, con análisis de escritura a mano y otras pruebas a Darlie, además de convencer a Darin a someterse al detector de mentiras en una prueba administrada por la policía de Waco. Según Pardo, se demostró que Darin mentía cuando respondió en cuatro de todas las preguntas. Darin nunca negó que no pasó la prueba, pero dijo al Texas Monthly que fue manipulado por el examinador, quien según él pasó unas 2 horas con un millón de molestas preguntas sobre los asesinatos, antes de conectarlo al polígrafo. También alegó sufrir el síndrome del superviviente, en el que se imagina a sí mismo tratando de ayudar a los niños sin lograrlo. Al parecer, uno de los abogados de Darlie designado en un principio por el tribunal, también le hizo a ella una prueba de detector de mentira, pero jamás ha revelado los resultados y por lo menos hasta el año del reportaje, se negaba a hacerlo.

Para J. Stephen Cooper, abogado de apelaciones designado por la corte de Darlie, las pruebas del polígrafo no resultaron de ningún valor porque no son admisibles en la corte. Aun así, Darin lo intrigaba. En 1998, a punta de café y cigarrillos y en una oficina abarrotada en el centro de Dallas, Cooper trabajaba sin parar en el caso entre decenas de cajas con archivos relacionados al caso. En el año 2001, preparó su primer escrito ante el Tribunal de Apelaciones Criminales con el propósito de lograr un nuevo juicio para Darlie. Una de las razones fue un conflicto de intereses contra Doug Mulder. Cooper dijo que Mulder debió plantear preguntas ante el jurado sobre la posible participación de Darin en los asesinatos, pero no podía porque antes de aceptar a Darlie como cliente, había representado a Darin y a la mamá de Darlie en una audiencia previa al juicio por una orden de silencio. Cooper alegó que Mulder pudo haber extraído algo de Darin sobre lo que realmente sucedió aquella noche, pero no lo hizo por el tema de la lealtad al cliente. Para Cooper, esto era un punto importante porque le parecía que Darin era un sospechoso plausible: la póliza de vida de Darlie era de 250.000 dólares, lo cual representaba un motivo pecuniario, y al igual que ella, tenía los medios y la oportunidad para cometer el crimen. Él pudo cortar la pantalla de la ventana o tirar el calcetín sin preocuparse por dejar rastros de su propia sangre.

Al ser interrogada en aquel entonces con respecto a la posibilidad de su esposo en estar involucrado al crimen, Darlie es categórica: “Por supuesto que no”. También lo es al preguntársele sobre si había escuchado alguna vez algo sobre que Darin buscaba a alguien para robar la casa antes de los asesinatos: “Nunca”, es su respuesta. Según la declaración jurada de su padrastro, Bob Kee, en la primavera de 1996 Darin dijo tener un plan en el cual él y su familia se irían de la casa, y justo en esos momentos un “ladrón” contratado por él detendría un camión tipo U-Haul, entraría por los artículos del hogar, los sacaría y mantendría ocultos hasta el respectivo pago por su reclamo a través de la compañía de seguros. Solo faltaba quien estuviese dispuesto a hacer el trabajito. Sin embargo, Kee, de voz suave, quien vive con la mamá de Darlie en una pequeña granja al este de Dallas, narró que cuando ocurrieron los asesinatos, esa conversación ni se le pasó por la mente. De hecho, nunca dijo esa información a los abogados defensores de su hijastra porque simplemente no conectó aquel plan con el terrible suceso. Tampoco la madre de Darlie, la señora Darlie Kee, había querido considerar la posibilidad de que su yerno estuviese involucrado en el crimen, pues ella lo amaba como a un hijo. Pero en marzo del año 2000, después de que Darin parecía molestarse cada vez más con las preguntas de Richard Reyna, el investigador privado de Cooper, comenzó a tener sus dudas. Al poco tiempo, su esposo le contó por primera vez los detalles sobre aquella extraña conversación con Darin y allí corrió a llamar a J. Stephen Cooper.

Richard Reyna interrogó de manera repetida a Darin sobre la historia de la búsqueda del falso ladrón, y según él, logró que Darin admitiera hasta otra posible estafa hecha en 1994 con el robo de su jaguar para poder cobrar el seguro. Según Darin, no logró concretar los arreglos para el fraude, pero admitió haberle dicho a la persona quien él creía que se lo había robado que no le molestaba la pérdida. Tampoco negó que quien pudo haber irrumpido en la casa podría ser alguien que le hubiese escuchado hablar sobre los planes de estafa al seguro, pero si eso sucedió, fue sin su ayuda: “¿Por qué haría algo así con mis hijos y mi esposa en la sala?”, dijo. “Es la historia más loca que he escuchado”, recalcó. Al insistirle sobre si la historia verdadera y completa del asunto podría conseguir un nuevo juicio y salvar la vida de su entonces esposa, dijo que haría todo lo que pudiera por Darlie, “pero tampoco quiero terminar con algún tipo de cargo de mierda en mi contra. No quiero ayudarla a costa de mi vida”. Reyna se preguntaba si Darin le escondía secretos. Jamás se había hecho público lo dicho por Darlie sobre su esposo cuando en algún momento le pidió el divorcio: Darin estaba tan molesto que se puso una pistola en la cabeza para responder a su amenaza de separación.

Darlie dijo que nunca habló en serio sobre divorcio. Darin agregó que solo una vez él hizo una maleta y pasó la noche “con una novia” para no soportar el reclamo de su esposa sobre si estaba trabajando demasiado como para ponerle la debida atención. En cuanto al incidente de la pistola sucedido dos años antes de los asesinatos, él lo describió como “una mierda dramática para llamar su atención, como ella lo hace conmigo todo el tiempo”. Agregó que ambos habían tenido disputas pero nada serio, en realidad: “Nunca la he golpeado. Nunca la he engañado”. Al ser cuestionado en base a la opinión de Reyna quien sugiere que él podría haber contratado a alguien para matar a Darlie, Darin respondió disgustado: “Eso es completamente falso y ridículo”.

Tal vez lo más lógico es pensar que si Darin contrató a alguien para matar a su esposa, al notar que sus hijos estaban abajo con ella, rápidamente habría cancelado el plan en vez de arriesgar la vida de los pequeños. Si el plan era un simple robo, incluso el mismo ladrón al ver tanta gente abajo se habría dado la vuelta y abortado el plan. ¿En realidad, un ladrón entra en pánico al punto de buscar un calcetín en el lavadero, envolvérselo en la mano para evitar dejar huellas, agarrar un cuchillo de carnicero, apuñalar a los niños, cortar la garganta de la mujer y correr tan rápido como pueda mientras deja caer el cuchillo en el lavadero y la media en un callejón?

Otro escenario considerado por los fiscales fue el de Darlie como la asesina y Darin como su cómplice por querer encubrirla. Tal vez bajó las escaleras, vio la terrible escena y luego plantó pistas falsas para tratar de evitar su arresto. Él pudo lanzar el calcetín si dejar rastros y pudo cortar la garganta de Darlie porque su historia sería más creíble con ella herida. O quizás Darlie, a un mes de un frágil estado emocional, luego de una de sus peleas conyugales, decidió asesinar a los niños y luego matarse, momento interrumpido por Darin al bajar las escaleras, quien pudo persuadirla en dejar el cuchillo para luego plantar pistas falsas y una escena del crimen. A todo esto, Darin respondió que cada especulación es extravagante, y solo cree que un asaltante desconocido entró a su casa: “Amo a mi esposa y amaba a mis hijos” dijo en aquel momento.

En el año 2003, J. Stephen Cooper presentó la primera apelación de la condena, basada en las inconsistencias de las pruebas en contra de Darlie Routier, además de los problemas en el procedimiento del primer juicio, incluidos los 33.000 errores cometidos por el taquígrafo del tribunal en la transcripción original del mismo, un conflicto de intereses con el abogado litigante principal y errores en la selección del jurado y las pruebas. Sin embargo, ese mismo año el Tribunal de Apelaciones en lo Penal rechazó todas estas afirmaciones según opinión unánime de 75 páginas.

Aquel 2003 también pudo ser el comienzo de esa suerte de limbo matrimonial en el que entraron Darlie y Darin después de la condena. Si es difícil que una pareja sobreviva la muerte de un hijo, sería mucho pedir tal odisea en este particular caso. Darin, con su brazo derecho tatuado con imágenes de Darlie y de sus hijos, siempre proclamó la inocencia de ella. Darlie, confrontada cada año con las revelaciones sobre su esposo y lo que pudo haber sucedido aquella fatal noche, cada vez sabía menos qué pensar sobre él. El matrimonio se terminó en el 2011 a petición de Darin (su abogado presentó los papeles en Lubbock ese junio) para acabar al fin con el limbo, una decisión muy difícil para ambos pero de mutuo acuerdo, y sin que él haya cambiado de opinión acerca de la inocencia de ella. Ahora vive con Cindy Jackson, cuyo padre, Jerry Dale Jackson, integró a Darin y a Drake en su núcleo íntimo, al punto que su obituario en el Weatherford Democrat a su muerte en el año 2017, enumeró al propio Drake como uno de sus nietos.  

Durante el año 2008, se le concedió a Darlie Routier el derecho de hacer nuevas pruebas de ADN, pero las mismas no arrojaron mayor cosa. El 29 de enero del 2014, el juez en jefe del Distrito Occidental, Fred Biery, concedió una petición del fiscal y la defensa del caso Routier para hacer más pruebas de ADN en relación a la huella de sangre encontrada en la casa, al calcetín ensangrentado y al camisón que traía ella esa noche. No se supo más nada al respecto.

Darlie, con 50 años, espera la inyección letal por el asesinato de su hijo Damon, pues el asesinato de Devon ni siquiera llegó a juicio. “¿Por qué está sucediéndome esto a mí? ¿Por qué les cuesta tanto a las personas ver la verdad?”, ha dicho una y otra vez en distintas entrevistas durante su confinamiento. “¿Cómo sucedió esto?” se preguntaba en la entrevista del Texas Monthly mientras contaba los momentos en que se fijaba en las sábanas grises, el piso de cemento y el orinal de acero de su celda, y recordaba su pasado. El año que viene cumplirá la misma cantidad de años en prisión que los vividos en libertad.

Darlie y otros miembros de la familia han sido denigrados en los medios de comunicación desde su arresto 11 días después de los asesinatos. Durante el juicio, "los abogados de la acusación etiquetaron a los familiares de Routier como basura de tráiler y describieron a la pareja de Rowlett como nuevos ricos de mal gusto con prioridades retorcidas", según el Fort Worth Star-Telegram.

Drake Routier, con 7 meses al momento de la tragedia y ahora con alrededor de 24 años, parece haber crecido sin resentimientos ni secuelas ante la tragedia familiar. Él suele visitar a su madre con regularidad en la Unidad de Mountain View, donde la ve con un vidrio entre ambos como una de las 6 condenadas a muerte dentro de la prisión de uno de los estados con la cámara de ejecución más activa de USA.

Después de los terribles acontecimientos, Drake pasó a un hogar temporal debido a la quiebra de su padre y al encarcelamiento de su madre: en medio de las investigaciones, el 6 de diciembre de 1996 el hogar familiar les fue arrebatado por el banco porque no habían pagado los 1300 dólares mensuales de la hipoteca desde la fecha del crimen, y Darin se vio obligado a vivir en casa de familiares; justo el 1 de enero de 1997, Darlie fue trasladada a la prisión Kerr County. Al tiempo, un tribunal otorgó su custodia a los abuelos paternos, Sarilda y Leonard Routier, hasta que Darin se levantó en Lubbock tanto como para lograr el retorno de Drake a su lado.

Drake Routier le dijo a CNN que tuvo que aceptar su identidad como el niño cuya madre está en el corredor de la muerte. En el año 2013, con 17 años, Drake fue diagnosticado con Leucemia Linfoide Aguda, un tipo de cáncer que le obligó a recibir quimioterapia y otros tratamientos en el Hospital de Medicina Infantil de Dallas hasta el año 2016. En la actualidad, él se recupera de manera satisfactoria.

Los constituyentes franceses de 1791 se hicieron eco, aunque no con la misma intensidad, del espíritu abolicionista de la pena de muerte que invadió el resto de Europa. Ellos eliminaron de la lista de crímenes capitales a los atentados en contra de las buenas costumbres, y con ello redujeron un gran número de condenados dispuestos para el deleite de parisinos y provincianos gracias a la “buena costumbre” de apiñarse en grandes muchedumbres y observar la carnicería de los ajusticiados, un espectáculo público cuyo sadismo se justificaba por la intención ejemplar de la ejecución.

Lo que Meursault “vivió” y Camus percibió fue la respuesta de una sociedad a la que se le quitó de manera radical un placer al que aún no estaba dispuesta a renunciar. Ambos franceses-argelinos aceptaron al absurdo para encontrar un sentido de vida con la muerte de uno como forma de denuncia del otro. Más allá de la utilidad de la pena de muerte, lo que muestra el caso Routier es un intento de llevar a la práctica una herencia cultural de ejecución a una mujer quien fue en contra de las costumbres conservadoras, reaccionarismo que distrae del verdadero crimen atroz: dos niños apuñalados como títeres.

El acto de cegar la vida de dos pequeños inocentes, lo más terrible de todo, no parece aquí la causa sino la excusa para oxigenar la idea del poder sobre la vida de alguien quien osa comportarse diferente. Una mujer debilitada por los hechos es luego denigrada al mínimo de su expresión social, y por tanto, humana, por ser como todos zoon politikón, debido a la osadía de creer en algún momento haber estado “por encima”. Una muestra de ello puede ser el hecho de haber sido sentenciada solamente por el crimen de Damon. El sistema legal invisibilizó a Devon tal como si su horrible asesinato no hubiese requerido justicia alguna, o como si el niño nunca existió. Es factible pensar que para los abogados defensores de Darlie, conseguir sacarla del corredor de la muerte habría sido mucho más difícil con dos condenas encima en lugar de una sola, tanto como es factible pensar que si los abogados acusadores no le otorgaron la segunda, es porque tal vez, en el fondo, ellos y quienes integran todo ese sistema, creían que ella no debía estar allí para siempre.

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