La extranjera mucho después de Camus: Crónica sobre el caso Darlie Routier. Escrito por Zuleika Durán Salaberría. (La descripción de los hechos expuestos en el bloque medio de este escrito es en gran parte traducción del artículo "Tal vez Darlie no lo hizo", Texas Monthly Magazine, julio del 2002).
Cualquiera podría pensar que
Meursault no habría terminado en la guillotina si hubiera sido juzgado en
nuestros tiempos. La pena de muerte gracias a su incapacidad de llorar en el
funeral de su madre más que por matar al árabe, parece el desenlace de una ficción
producto de una mezcla entre medievalismo y tiranía de convenciones sociales,
lejana a nuestra realidad actual, ahora blindada contra gazmoños, leguleyos y
altísimos niveles de manipulación. No habría mayor problema en aceptar esta
premisa si no fuera porque cada día somos testigos de casos como el de la novela.
Parece que en el ambiente intelectual de nuestra era, llena de personas alfabetizadas,
inclusivas y tecno-informadas-comunicadas, fluye la innovación de las ideas sin
una vuelta atrás sobre aquellas desterradas cuando las bases mismas de nuestras
sociedades fueron sacudidas por la sensatez. O tal vez es la conclusión lógica
sobre algo que en la práctica no tiene la necesidad de cumplirse.
Los progresos menos evidentes,
o los no científicos, aparte de tener un grillete en las tradiciones, suelen
ser promovidos por aquellos en cuyos espíritus se desarrolla esa sensatez, pero
solo son aceptados con el tiempo por una sociedad entera que se conforma con
tal imposición de ideas, porque entiende en el fondo lo bueno en ellas, pero no
por haberlas promovido. Por ello, en la menor oportunidad, las personas se rebelan
contra “la luz” para encontrar deleite en la oscuridad del castigo en base a proyecciones
psicológicas, complejos, defectos y vicios. Lo vemos todos los días con los haters, los troles, los “pequeños
tiranos” con un mínimo cargo de poder, los radicales de cualquier bando y hasta
con los miembros de un jurado.
Es difícil
seguirle la pista a un caso dentro de un país latinoamericano de dudosa
democracia, en donde impera más el rumor que la información oficial veraz, y el
temor es parte de la redacción de un escrito. Es posible hallar más dentro de
una nación menos temerosa de mostrar, por encima de la manipulación de medios
de comunicación masiva, que sus ciudadanos se equivocan y el sistema es falible.
Son estos los sucesos concretos que nos miden en cuanto a los cambios en la
opinión pública y la rapidez de absorción.
En junio de 1996 los
estadounidenses conocieron a Darlie Routier, y nosotros desde este lado del
continente americano, conocimos a una extranjera que pudo haber sido condenada,
al igual que Meursault, por no haberse comportado como lo esperado, en este
caso, para una madre quien había perdido brutalmente a sus dos hijos. Pero a
diferencia del (verdadero) extranjero de Albert Camus, cuya mano sí apretó el
gatillo varias veces contra aquel hombre, esta mujer podría estar sentada en un
patíbulo de la vida real, a la espera de la inyección letal, con una presunta
aunque remota posibilidad de inocencia. Desde este ejemplo sin desperdicio,
intentaremos evaluar los hechos y hacer un correlato con el hoy a través de una
mirada hacia un 1996 tal vez más parecido al 1942 de Camus que al 2020 del
Coronavirus.
Existen demasiados detalles
sueltos sobre el caso Routier, pero estos no parecieron importantes a la hora
de juzgarla como filicida según un jurado motivado tanto por el horrible hecho
como por las actitudes demasiado frías de una madre con tal luto. Fue una posición
adoptada también por la parte acusadora, como si esa frialdad fuese el
verdadero crimen: el intento de socavar los cimientos de una sociedad muy
conservadora. La policía ayudó mucho en el asunto, tal vez más interesada en
llevar a un culpable pronto tras las rejas que en hacer verdadera justicia. En
estos días, el nombre de la mujer ha traspasado de nuevo las fronteras porque
una vez más Darlie y sus defensores, entre ellos el padre de sus hijos y ahora
exmarido Darin Routier, vuelven a dar pelea con lo que parece la única pista de
su inocencia: una huella digital. Sin embargo, al escudriñar en algunos
artículos del caso, son varios los datos que generan dudas sobre la
culpabilidad de esta madre en el asesinato de sus pequeños, aún después de su
condena. La intención de este escrito no es defender ciegamente su inocencia,
sino el exponer las circunstancias bajo las cuales una persona puede ser
condenada antes de su propio juicio y quitársele la vida a pesar de la
posibilidad de una duda razonable porque duela más la amenaza contra las
costumbres que contra la existencia misma.
En líneas generales, la mayoría
de los escritos en español reseñan la noche del crimen con igual contenido,
probablemente por ser traducciones desde los mismos reportajes en inglés acerca
de la noticia. La descripción del terrible episodio es similar en todos los
sitios web, y al apelmazarlos obtenemos esto: el 6 de junio de 1996, Darlie
Router dormía en la sala con sus dos hijos varones, Devon de 6 años y Damon de
5 años. Ella estaba en el sofá y los niños se habían acostado en el piso cerca
del televisor hasta quedarse dormidos. Su esposo, Darin Routier, dormía arriba
en la habitación principal junto al hijo menor, Drake, de tan solo 7 meses. Darin
se despertó sobresaltado por los gritos histéricos de Darlie y ruidos de
vidrios rotos. Al bajar, encontró a sus hijos heridos en la ensangrentada sala
y a su esposa con cortes en brazo y cuello, quien le gritaba que un hombre
blanco vestido de negro y con una gorra, los había atacado. Mientras la mujer
llamaba al 911, el padre intentó reanimar a Devon. Damon yacía con los ojos
abiertos y más de media docena de tajos en la espalda. Según su papá, ambos
estaban en el mismo lugar en el que los había dejado durmiendo un tiempo antes.
Al llegar la policía, Darlie, con una toalla en el cuello y el camisón manchado
de sangre, les indicó que después del ataque, el criminal había escapado por un
corte que hizo al mosquitero de la puerta del garaje. Ella fue trasladada en
ambulancia al hospital que le dio de alta dos días después, tras los cuales rindió
unas declaraciones tardías con respecto a las de su esposo.
El 9 de junio fue el entierro
de los niños. El 14 del mismo mes, como era el día del séptimo cumpleaños de
Damon (si hubiese estado con vida) sus padres fueron a celebrar en su tumba con
globos multicolores, un pastel y serpentina en aerosol. El video de Darlie muy
sonriente y mascando chicle fue considerado enseguida como actitud sospechosa,
pues no correspondía con el comportamiento esperado para una madre a quien le
habían matado a sus dos hijos pocos días antes. Frente a las críticas, el
matrimonio declaró que no tenía nada qué esconder y tampoco tenía idea del
porqué habían asesinado a sus hijos, pero ya era muy tarde. Las imágenes de esta
madre quien no se veía devastada, fueron la mayor evidencia contra ella y el
inicio de un juicio moral que al parecer llevó a dirigir la investigación policial
para hacerla ver como culpable, con el conocido desenlace.
La mayoría de los artículos también
redactan los mismos hechos que llevaron a la acusación formal de Darlie Routier
como la posible asesina de sus hijos: Los policías no encontraron nada ni a
nadie dentro o alrededor de la escena del crimen; los policías encontraron
diferencias entre las declaraciones de Darlie y Darin; los policías señalan su
extrañeza por observar a Darlie no muy preocupada por sus hijos durante la
entrevista de esa misma madrugada; los policías tomaron declaraciones a médicos
en emergencias quienes atendieron a Darlie la madrugada del asesinato y dijeron
que sus heridas pudieron ser autoinfligidas, además de tomarles declaración a
las enfermeras de hospitalización, quienes se expresaron de una forma negativa
sobre ella por haber dado a todos distintas versiones sobre lo ocurrido durante
el ataque. La policía parecía dirigir toda la artillería en contra de la mujer
a raíz de la facilitación de una sospechosa por parte de la opinión pública.
La declaración más
sensacionalista la propició el experto Tom Biesel, quien testificó que las
gotas de sangre detrás del hombro derecho en el camisón de Darlie pertenecían a
sus hijos, de lo cual extrajo una hipótesis sobre un supuesto patrón sangriento
dejado por la hoja del arma homicida cuando la mujer levantó el cuchillo por
encima de su cabeza varias veces, mientras lo retiraba de cada niño para
apuñalarlo una y otra vez. La reacción de horror y rechazo ante ese cuadro
ofrecido por la parte acusadora no se hizo esperar. Del lado de la defensa, la
mayoría de los artículos no redactan más que las palabras del abogado Douglas
Mulder sobre la falta de motivo por parte de Darlie para matar a sus hijos, y la
inocencia sostenida por ella. El jurado no le creyó. A los ocho meses del
crimen, la sentencia del tribunal fue la pena de muerte.
Este año, el caso ha sido
noticia porque desempolvaron un asunto dejado por fuera en el juicio: la huella
dactilar encontrada en la mesa ratona de la sala. Esta huella fue analizada
hasta por uno de los más respetados antropólogos forenses de USA, con la inmutable
conclusión de ser ajena a miembros de la familia, trabajadores de la salud
quienes atendieron a las víctimas esa noche o al cuerpo de investigación
criminal. A pesar de coincidir con un
adulto no identificado, lo cual refuerza la teoría de la defensa sobre la
irrupción de un extraño esa fatídica madrugada, la huella quedó desestimada en el
juicio original por estar demasiado dañada como para extraérsele una copia o una
muestra de ADN. Pero el abogado J. Stephen Cooper confía en que un nuevo
elemento del lado de la defensa, el Proyecto Inocencia de Nueva York, evite el
fin de la historia de la huella no identificada, y ponga en libertad, o por lo
menos, retire del corredor de la muerte a Darlie Routier.
Jamás sabremos lo sucedido con
certeza esa madrugada, ni siquiera con los detalles más finos expuestos a la
luz de este sinuoso caso, que algunas veces apunta hacia la inocencia de esta
mujer y otras hacia su culpabilidad. La utilidad de conocerlos radica en una
cierta evaluación del pasado a través de los lentes del presente. ¿Hemos
avanzado con el nuevo milenio? Nuestros padres y abuelos parecían apelar más a
la intuición, ese eslabón entre los sentimientos y los valores, para resolver
lo jurídico. Nuestra era soporta cada vez más datos objetivos sobre novedosas creaciones
técnicas, pero la palabra final siempre es de la gente, y la evidencia es
procesada sin independencia de una intuición quizás contaminada de ciertas costumbres,
desvalores y plasticidad. ¿Seríamos capaces hoy de superar un sesgo igual a la
hora de diagnosticar una situación de cuyo resultado dependa la vida de otra
persona?
Comencemos de nuevo, ahora con
el escrutinio de artículos en blogs independientes y en especial, de un reportaje
del año 2002 por parte de la revista mensual Texas Monthly, en gran parte
traducido y reproducido en las siguientes líneas, como parte del cuerpo medio
de esta crónica.
A las 2:31 de la madrugada del
jueves 6 de junio de 1996, se hizo una llamada al 911 proveniente de una casa
de dos plantas en ladrillo, estilo victoriano, ubicada en el 5801 de Eagle
Drive Street en Rowlett, unos suburbios de Dallas, Texas, EE.UU. Darin Routier
terminaba de bajar a tumbos las escaleras de su casa, medio desnudo y sin
acomodarse bien los anteojos debido a los nervios. Con desesperación, intentó
practicar RCP a Devon, su hijo de 6 años, pero al soplar el aire por la boca
del niño, veía cómo este se escapaba a través de las dos cuchilladas en el
pecho. Frustrado, comenzó a soplar dentro de los agujeros en el tórax de su
pequeño, hechos con tanta fuerza que casi lo parten en dos. Cerca estaba su
otro hijo, Damon, quien luchaba para tratar de respirar, echado según testimonio
de su padre, en el mismo lugar donde lo había dejado durmiendo horas antes.
Darlie Lynn Peck de Routier decía
a través del teléfono lo que gritó minutos antes a su esposo cuando encontró la
escena del crimen: un tipo blanco con gorra y vestido de negro había atacado a
sus hijos y a ella misma con un corte en su brazo derecho, otro en su hombro izquierdo
y un tercero en el cuello. Luego sostuvo que peleó con el asaltante, y gracias
al forcejeo, tiraron un armario de donde cayó una copa de vino. Intentó
perseguir al intruso mientras este se escapaba a través de un corte hecho en el
mosquitero de la puerta del garaje. Dos días después, una Darlie de 26 años
declaró ante la policía lo siguiente: La despertaron los gritos de Damon en la
oscuridad, que decían “¡Mami! ¡Mamá!”. Ella ni se había percatado que estaba
herida. Vio a un hombre atravesando la cocina con dirección hacia el garaje y
lo siguió. En el lavadero se encontró con un cuchillo y lo recogió. Fue allí
cuando regresó a la sala y encontró apuñalados a Devon y a Damon, y se dio
cuenta que ella también estaba herida. Su esposo Darin, quien estaba durmiendo
arriba con el bebé Drake, bajó las escaleras después de oír sus gritos y
comenzó a reanimar a Devon. Ya el asaltante había desaparecido.
Doce días después de esa
fatídica madrugada, la policía arrestó a Darlie por los asesinatos de los
niños. Se la llevaron sin testigos presenciales del crimen, sin confesión de su
parte ni motivo psicológico, racional, real o lógico para tal asesinato. En
cambio, sí tenían una montaña de evidencia circunstancial según la cual no
había ningún intruso esa madrugada, evidencia física con sugerencias de que
Darlie había escenificado el crimen, declaraciones de médicos con sugerencias
de que sus heridas fueron autoinfligidas, y un video unos días después del
asesinato con una escena de lo que habría sido el séptimo cumpleaños de Devon,
en su tumba llena de familiares, amigos y Silly
String rociado por la misma Darlie. El fiscal adjunto de distrito del
Condado de Dallas y principal del caso, Greg Davis, y su compañero fiscal Toby
Shook, dijeron estar “asqueado” y “disgustado” respectivamente, por esta
especie de tributo de mal gusto. Davis dijo respecto a la grabación: “Ella
acaba de perder a dos hijos y, sin embargo, está literalmente bailando en sus
tumbas”. Davis mostro el mismo horror por el hecho de que los Routier interpretaron
el éxito de Coolio, Gangsta´s Paradise en el funeral de sus hijos, aunque con
menos disgusto que cuando señalaba a la acusada por usar 10 anillos a la vez en
sus manos.
El 4 de febrero de 1997,
Darlie fue declarada culpable y sentenciada a pena de muerte por un jurado en
la ciudad de Kerrville, Hill Country, adonde se había trasladado el juicio. Los
tres libros de bolsillo que salieron sobre el crimen al año siguiente, la
colocaron en el lugar común de la madre quien encarna a la maldad un repentino
día de estrés en que las cosas se salen de control. Pero a lo largo de los
años, numerosas noticias y una investigación en curso de los abogados de
apelación de Darlie, han planteado la posibilidad de una manipulación de la evidencia
por parte de la policía y la fiscalía para implicar a Darlie porque de antemano,
ya habían decidido su culpabilidad.
En el año 2002 habían sido
creados unos seis sitios web para proclamar la inocencia de Darlie Routier. Alguien
del jurado en el juicio dijo que él y sus compañeros sentían que habían tomado
la decisión equivocada. Kerri Parris, otra miembro del jurado quien apareció
ante las cámaras en The Last Defense, admitió que usó el hecho de que Darlie
tenía implantes mamarios como un punto en su contra. "Eso no es algo que
yo haría", dijo Parris, quien pudo haber estado parcializada desde el
principio por los hechos: “Solo sabía que ella había matado a sus hijos. Estaba
enojada por eso”.
Hasta la autora de uno de esos
tres libros de bolsillo referidos había cambiado de opinión con el pasar del
tiempo, y alegó que el jurado escuchó testimonios de perjuros y jamás le
mostraron fotos de Darlie con el brazo morado, un evidente edema y gran sutura
debido a la puñalada, o con su cuello herido, una cortada que según testimonio
de Vincent DiMaio, jefe forense de San Antonio, estaba a dos milímetros de una
arteria y no era compatible con las heridas autoinfligidas vistas por él a lo
largo de su carrera. En su defensa hicieron notar que ella es diestra, así que
le sería difícil herir su propio brazo derecho, pero para el jurado, Darlie
jamás fue víctima de un ataque salvaje.
Los investigadores veteranos
nunca creyeron que Darlie y sus hijos fueran las víctimas de un ataque
aleatorio de un extraño. Para Alan Brantley, agente especial del FBI, la
persona que mató a Damon y a Devon era alguien quien los conocía, y añadió que
el atacante había tenido más cuidado con las cosas de la casa que con los
chicos, además de parecerle raro que no hubiese atacado primero a la madre. Las
declaraciones de las enfermeras quienes la cuidaron durante su hospitalización
fueron negativas, al decir que ella dio distintas versiones sobre lo sucedido
la fatídica noche. Algunos de sus conocidos hicieron lo mismo al reconocer que
en algún momento fueron testigos de los insultos y malos tratos hacia sus
hijos, física y emocionalmente.
La ABC News obtuvo el testimonio de una vecina, Jenny Lankford, según
el cual Darlie parecía aliviada de que los chicos ya no estuvieran. Jackie
Rogers, familiar de la acusada, reconoció durante su citación lo siguiente:
“Siempre estaba gritando insultos, diciéndoles _ ¡saquen su culo de acá!
¡Vayan abajo ya mismo!_ Lo mandoneaba mal al pequeño Devon y lo empujaba hacia
abajo. En mi opinión, abusaba emocionalmente de ese chico”. Mercedes Adams,
amiga de la inculpada, estaba con ella cuando fue dada de alta del hospital, y
relató que al llegar a la casa y entrar al living,
desde donde veían el estado en que había quedado, Darlie puso los brazos en
jarra y dijo: “¡Mira este f#*k!n desastre! Costará una fortuna arreglar esta
mierda”. Mercedes dice que la agarró por los hombros, la miró a la cara y le
espetó: “Darlie, mírame a los ojos y dime que tú no mataste a los niños”. La
respuesta fue para esta amiga algo increíble. Darlie, mirándola a los ojos tal
como se lo había pedido, le dijo: “Voy a conseguir una alfombra nueva, y otras
cortinas para arreglar este lugar”.
El público también intervino:
un empleado de una casa de empeño notó que Darlie “a menudo iba a su tienda sin
sostén y usaba un lenguaje soez". Es entendible que después de
declaraciones como estas, cualquiera piense en ella como la asesina, pero, ¿lo
es? ¿Hundió ella ese cuchillo en el cuerpo de sus dos hijos? Podría ser superficial,
zopenca, depresiva o hasta padecer de alexitimia, pero, ¿es una filicida?
El lado acusador también tiene
otra gran pregunta: ¿Por qué alguien aparecería en un vecindario suburbano,
agradable y a la vez, desconocido, para luego escoger una casa, iluminar un
callejón sin salida, ingresar a través de una ventana de garaje a unos pocos
pies de una caseta para perros, andar por un cuarto de servicio oscuro, llegar
a la cocina, agarrar un cuchillo de carnicero, dirigirse hacia la sala y
apuñalar a dos niños con su madre?
Al principio del caso, algunas
personas de la comunidad sostuvieron que a 800 metros de la casa Routier, hubo
otro intento de robo similar con el corte de un mosquitero en la puerta. Una
testigo, Darlene Potter, declaró haber visto a dos hombres de apariencia
sospechosa esa noche. Otros vecinos le dijeron a la policía que habían notado a
un automóvil oscuro cruzar lentamente algunas semanas antes del homicidio; uno
de esos vecinos dijo que el automóvil se detenía en ocasiones cerca de la casa
de los Routier. Pero los investigadores del caso nunca pudieron encontrar a alguien
con una razón para hacerles daño.
Existe una pieza
en la investigación que no fue publicada sino hasta el año 2002 gracias al
investigador privado Richard Reyna, quien trabajaba para el abogado de
apelaciones de Routier. Sus pesquisas revelaron que el aún esposo de Darlie en
aquel momento, Darin Routier, había admitido en el año 2001 que en la primavera
de 1996, debido a los problemas con su negocio y a una deuda de 22.000 dólares,
le había preguntado a Bob Kee, padrastro de Darlie, si conocía algún tipo quien
pudiera irrumpir en la casa familiar para hacer una estafa al Seguro. Una vez
que los muebles y artículos fuesen “robados”, Darin los recuperaría con el
supuesto ladrón y le pagaría con las ganancias de su reclamo al seguro contra
robos. Al ser interrogado para el artículo del Texas Monthly, Darin Routier
negó tal declaración, pero al poco tiempo, luego de ser confrontado con
declaraciones juradas de Bob Kee y Richard Reyna, confesó que había hablado con
el padrastro de su esposa acerca de fingir un robo. Ante la pregunta sobre si
había hablado con alguien más del plan, específicamente con un par de ladrones
de carros con renombre en Rowlett (Dallas), Darin replicó vacilante: “Existe la
posibilidad de que haya dicho lo mismo en una conversación con personas que
trabajaban a mi alrededor. No recuerdo lo que dije. Pero hay una gran
posibilidad de que eso estuviese en mi mente, y en la conversación lo pude
haber dicho”.
De todas maneras, Darin
Routier insistió en que nunca llevó a cabo dicho plan, y Reyna dijo no haber
encontrado evidencia de lo contrario. Ante la historia de Darin, los fiscales
del caso en contra presumieron que este tipo de información era conveniente en
el pleno proceso de apelación dado para aquel entonces, y parecía más bien un
intento de “publicidad favorable” para Darlie Routier por parte de sus
abogados. Y es que de haber sido un robo, o simulacro de robo, ¿por qué el
ladrón no agarró por lo menos algunas de las joyas de Darlie que estaban en el
mostrador de la cocina? ¿Por qué solo agarrar un cuchillo de carnicero y
asesinar a los niños? De igual forma, la renuente admisión del esposo plantea
la posibilidad de un resultado distinto en este caso si el plan de robo falso
hubiese salido a la luz antes del juicio: los fiscales tal vez no habrían
buscado la pena de muerte, los abogados defensores habrían usado esta
información para crear una duda razonable e incluso, absolver a la acusada con
independencia de su verdadera culpabilidad, o en última instancia, probar lo
que Darlie Routier ha repetido hasta el cansancio: que ella no mató a sus
hijos.
A lo largo de todos estos
años, son muchos los detalles que han examinado periodistas, investigadores,
abogados y policías acerca de la vida de Darlie Routier. Las referencias sobre
filicidio materno han sido revisadas una y otra vez sin resultados concordantes
con este caso. A diferencia de Andrea Yates, también de Texas, quien ahogó a
sus pequeños en la bañera y le fue diagnosticada depresión posparto, psicosis y
esquizofrenia, Darlie no tenía antecedentes de enfermedad mental o
alucinaciones psicóticas. A diferencia de Susan Smith, la madre de Carolina del
Sur quien ahogó a sus hijos en un lago, ella no tenía antecedentes de abuso o
incesto. Tampoco tenía antecedentes penales o algún conocido adulterio.
Darlie parece haber vivido
una infancia bastante tranquila desde su nacimiento en Pensilvania y durante su
adolescencia en Lubbock junto a su madre, Darlie Kee, y su padrastro, Bob Kee.
Parecía ser una quinceañera con una chispa especial, o según Darin, una
emprendedora, como lo notó cuando la conoció en el Western Sizzlin´ donde
trabajaba de cocinero junto a su propia madre, quien atendía las mesas. Él
tenía 17 años cuando iniciaron su noviazgo, momento en que era calificado en el
anuario escolar de su pequeña secundaria a las afueras de Lubbock, como la
persona con más probabilidades de tener éxito. Cuatro años después se casaron
en el patio trasero de la casita de los padres de Darin. Al poco tiempo se
mudaron a Dallas, con planes de demostrar aquel buen augurio de sus compañeros
hacia él. Fundaron una pequeña compañía de placas de prueba para circuitos electrónicos,
y cuando comenzó a generar mucho dinero, los jóvenes esposos Routier se
volvieron locos. Compraron una casa de 130.000 $, le agregaron mármol al baño,
una gran alfombra blanca en el comedor y unos 12.000 $ en cortinas a la sala de
estar, además de una fuente de 600 $ para el patio delantero y un spa de
secuoyas de 9.000 $ para el trasero. Darin compró un crucero de camarotes de 30
pies para usarlo en el cercano lago Ray Hubbard y un Jaguar 1982 para ir al
trabajo. Darlie gastó unos 800 $ en una lápida destinada a la tumba de su
querido gato enterrado en un cementerio de mascotas.
La compañía generó unos
500.000 $ de ingresos brutos para 1995 y Darin podía pagarse un salario anual
de 125.000 $. El matrimonio pertenecía a una categoría en la que pocos
ingresaban, y menos a esa edad. Ellos gastaban tanto como ganaban. Un grupo de
sus vecinos se refería a ellos como una versión de los Beverly Hillbillies, compuesta por un Darin de franelas cortas y
arremangadas para mostrar sus trabajados músculos, de larga cabellera y relojes
de oro y diamante, y por una Darlie de blusitas ajustadas para mostrar sus implantes
mamarios 36D, bronceado de salón, anillos de diamante en cada dedo y un
cachorro que hacía juego con su cabello. Otro grupo fue algo más considerado y
prefería verlos como una suerte de Ozzie y Harriet de los años noventa, en
referencia al show del matrimonio Nelson y su vida al frente de las cámaras y
tras la radio. Darlie era la ama de casa hornea-galletas quien alojaba montones
de niños en casa mientras pasaban el rato en la gran sala de juegos diseñada
por Darin. Llegaron a cocinar hasta para vecinos necesitados y pagar la
hipoteca de alguno con cáncer. Incluso, después de su arresto, varios niños
colocaron carteles en el frente de sus casas proclamando la inocencia de la
señora de la “Casa Nintendo”.
El negocio Routier comenzó a
padecer a principios del año 1996. Desde ese entonces, la familia se enfrentó a
facturas atrasadas, deudas de hasta 12.000 $ en tarjetas de crédito, retrasos
en la hipoteca e impuestos de mora por 10.000 $. Al parecer, el matrimonio no
ventiló estrés alguno por sus problemas económicos ante sus vecinos. De hecho,
Darin inició un segundo negocio llamado Champagne Wishes, en el cual llevaba a
las personas en su crucero alrededor del lago durante el atardecer mientras
bebían champán y usaban un camarote. Darlie jamás bajó el ritmo de sus compras,
y para la semana de los asesinatos, tenía planeado un viaje a Cancún con unos
amigos. Sin embargo, algo andaba mal con Darlie puesto que el 3 de mayo de
1996, un mes antes de los homicidios, relató en su diario la intención de
acabar con su vida por medio de una sobredosis de pastillas para dormir, pues
“mi vida ha sido una lucha tan dura durante mucho tiempo, y simplemente no
puedo encontrar la fuerza para seguir luchando”. Comenzó con un “espero que algún
día me perdonen por lo que estoy a punto de hacer” pero nunca terminó la
entrada en el diario y tal vez por eso, muchos lo tomaron después como una
confesión de un crimen premeditado. Tampoco tomó las pastillas, al parecer porque
logró hablar ese día con Darin por teléfono y este corrió a casa para
consolarla.
Según Darlie, se avergonzó
por ese episodio y jamás volvió a pensar en quitarse la vida. Lo que describió
como un “sentimiento de aburrimiento” lo justificó por el hecho de no haber
tenido la menstruación desde hacía un año. Ella dijo que al bajarle el periodo
unos días después de sus pensamientos suicidas, su ánimo se disparó. Las
personas interrogadas sobre este aspecto, dijeron no haberla notado
particularmente abatida esas semanas previas al terrible suceso. Su vieja amiga
Barbara Jovell, a pesar de recomendarle asesoría psiquiátrica y hasta
tratamiento en un centro especializado tal como ella misma lo tomó cuando se
sintió suicida en algún momento, de todas maneras no pensó que Darlie estuviera
desesperada o autodestructiva. No actuó de manera diferente. De hecho, a
finales de mayo, ella y Darin llevaron a los niños a Scarborough Faire, un
festival con personajes vestidos en trajes medievales. Darlie lució allí un
extravagante traje de seda tipo “danza del vientre”.
La noche del 5 de junio de
1996, luego de haber jugado en la bañera de hidromasaje gran parte de la tarde,
los niños Routier se acurrucaron debajo de las mantas frente a un televisor que
Darin recién había instalado en la sala de estar. Los esposos coincidieron en
que hablaron hasta pasada la medianoche; en un principio discutieron porque
Darlie no podía soportar tener que esperar a Darin para salir, ya que en ese
momento solo disponían de un automóvil, pero poco a poco fueron desviando el
tema hasta despedirse con un cariñoso beso. Darin subió al dormitorio principal
donde Drake, entonces de siete meses, estaba dormido. En cambio, Darlie se
acurrucó en el sofá de cuero negro en la planta baja junto a Damon y Devon.
Según ella, había estado durmiendo en ese sofá durante toda la semana para
cuidar a los muchachos porque solían dormir abajo desde que terminaron la
escuela, y porque ella tenía el sueño ligero y a veces Drake la despertaba
desde su cuna.
Unas horas más tarde, un
operador del 911 en Rowlett recibió una llamada frenética. “¡Alguien entró
aquí!”, gritó Darlie. “¡Simplemente nos apuñalaron a mí y a mis hijos!”.
La policía comenzó el caso
contra Darlie desde esa llamada al 911. ¿Por qué en medio de tal locura, ella
sintió la necesidad de decirle al operador que había recogido el cuchillo de
carnicero, que sus huellas digitales estaban en él y que esperaba que aun así, lograran obtener
las huellas del atacante? Uno de los primeros agentes en la escena del crimen,
el detective Jimmy Ray Paterson, testificó en el juicio que se quedó perplejo
porque Darlie no atendía a sus hijos, incluso cuando él se lo pidió. En cambio,
se llevó una toalla al cuello. Las enfermeras del hospital al que llevaron a
Darlie dijeron que al informarle la muerte de los niños, ella no reflejó
emoción alguna; tampoco se disolvió en la histeria, como suelen hacer las
madres al enterarse de la pérdida de sus hijos.
El relato de Darin
concordaba perfectamente con la escena del crimen para los investigadores, no
así el de Darlie. Después de los asesinatos, al parecer ella dio versiones
contradictorias sobre lo que exactamente le había hecho el intruso. Según un
primer oficial, Darlie le dijo que había luchado con su agresor en el sofá. Un
segundo oficial indicó que Darlie le refirió al mostrador de la cocina como el
lugar de la pelea. Una amiga dijo que Darlie le narró en el hospital que
recordaba estar acostada en el sofá mientras el hombre le pasaba el cuchillo
por la cara, pero en el escrito formal de su declaración contenido por la
policía, Darlie sostuvo que la única vista del hombre la obtuvo mientras este
se alejaba del sofá, y no podía recordar más detalles sobre él o el ataque
aparte de que vestía ropa oscura y una gorra de béisbol. Si ella dormía en la
sala porque tenía el sueño liviano y su bebé la despertaba desde su cuna, ¿cómo
fue posible que no se haya despertado durante el brutal ataque contra sus
hijos, ocurrido apenas a unos metros de distancia? Su abogado alegó que Darlie tomaba
sedantes para ese entonces, lo cual según él podría explicar esto y también su
falta de reacción ante las indicaciones de la policía poco después.
La policía se volvió
suspicaz con respecto a Darlie cuando algunos profesionales en salud, quienes
la trataron al ingresar esa terrible madrugada, dijeron que sus heridas
pudieron haber sido autoinfligidas. Ella fue a mostrarle a la policía unos días
después sus moretones oscuros que le cubrían desde la muñeca hasta el codo del
antebrazo derecho, pero los médicos quienes la re-examinaron dijeron que esos
hematomas eran demasiado recientes para haber sido producto de la noche de los
ataques. Sostuvieron que probablemente Darlie se golpeó los brazos con un
objeto contundente después de haber salido del hospital o alguien más la
golpeó, para así lograr convencer a la policía sobre su brutal ataque.
Después de estudiar la
escena del crimen, la policía notó que el supuesto intruso por lo visto había
entrado en la casa cortando el mosquitero que cubría una ventana baja dentro
del garaje para después atravesar la rendija. ¿Por qué simplemente no quitó la
pantalla como suelen hacerlo los ladrones? La ventana del garaje estaba
cubierta de polvo y este no se había visto alterado en lo absoluto, clara indicación
de que por allí no había salido nadie, aparte que las flores debajo de la
ventana tampoco habían sido pisoteadas.
Para evaluar la veracidad de
la historia de Darlie, un experto forense intentó replicar la serie de
movimientos del intruso, dejando caer un cuchillo ensangrentado desde la altura
de la cintura al piso del lavadero mientras se dirigía hacia la puerta del
garaje. La sangre se esparció por el suelo en un patrón que parecía
completamente diferente de los pequeños charcos encontrados en el lavadero la
noche de los asesinatos. Cuando se roció un químico llamado Luminol alrededor
de la cocina para revelar rastros de sangre invisibles al ojo humano, se
descubrieron manchas en el fregadero, consistentes con alguien quien se lava la
sangre de las manos. Según indicaron, parte de la sangre de Darlie alrededor
del fregadero había sido limpiada con una toalla. Los policías se preguntaron
acerca de la posibilidad de que ella se hubiera cortado la garganta en el
fregadero y luego intentara limpiar su propia sangre.
El experto Tom
Biesel encontró pequeñas gotas de sangre de los niños en la parte trasera del
camisón Victoria´s Secret usado por
Darlie esa fatal noche. El hombre teorizó que la sangre llegó allí cuando
goteaba desde el cuchillo y caía en su espalda, mientras levantaba el brazo
hacia atrás y por encima de su hombro al apuñalar con fuerza a sus hijos. Pero
el abogado defensor indicó que las pruebas ya estaban contaminadas porque la
ropa de Darlie y la de sus hijos fue puesta en la misma bolsa de evidencia.
Charles Linch, principal
analista de rastros de evidencia en todo el condado de Dallas, soltó otra
bomba: dijo haber encontrado un cuchillo de pan en la cocina que contenía una
fibra casi invisible, de 60 micras de largo, compuesta por vidrio recubierto de
goma. Linch teorizó que dicha fibra se veía exactamente igual a la fibra de
vidrio de la pantalla cortada por el intruso en aquella ventana. Solo alguien
dentro de la casa pudo tomar ese cuchillo y cortar la pantalla, y debido a que
Darin había bajado las escaleras y dado de inmediato RCP a Devon, una historia
consistente con la de Darlie, la policía supuso entonces que fue ella.
Por otra parte, la noche de
los asesinatos una de las medias de Darin fue encontrada en un callejón a unos
75 metros de la casa. Tenía dos pequeñas manchas de sangre: una de Damon y otra
de Devon. ¿Qué estaba haciendo ese calcetín allí? La policía especuló que
Darlie se había llevado el calcetín a tres casas de distancia para que
pareciera que el intruso lo había dejado caer durante la fuga. Sin embargo, no
pudieron encontrar sangre de Darlie fuera de la casa o en la propia prenda.
Tampoco había sangre en el patio trasero, ni en la valla ni en el callejón. Si
ella había plantado el calcetín, ¿cómo evitó dejar su propio rastro? Una vez
cortada su garganta, ella perdió una cantidad significativa de sangre.
Los detectives y los
fiscales teorizaron de nuevo y sostuvieron lo siguiente: Darlie apuñaló a sus
hijos hasta la muerte, corrió por el callejón con el calcetín, tal vez para dar
la impresión de que el intruso lo había usado para mantener sus huellas fuera
del cuchillo, y luego se cortó en el fregadero. Ya fuese antes de apuñalar a
los niños o antes de apuñalarse a sí misma, cortó la pantalla de la ventana con
el cuchillo de pan. Una vez hecho todo eso, llamó a Darin y luego al 911.
Ahora bien, si Darlie quería
que la policía se topara con el calcetín, ¿por qué no arrojarlo más cerca de la
casa en vez de dejarlo tan lejos, al lado de un basurero, donde corría el
riesgo de ser pasado por alto? ¿Y por qué no empapó el calcetín para que la
policía supiera con claridad que era un objeto de la escena del crimen? Además,
¿Darlie tuvo el tiempo para hacer todo eso antes de que llegara la policía? Los
registros indican que ella estuvo hablando por teléfono con el operador del 911
por 5 minutos y 44 segundos, y justo al cerrar la llamada, un oficial de
policía entró a la casa y estuvo allí por 1 minuto y 10 segundos hasta la
llegada de los paramédicos. Estos encontraron a Damon respirando aún. Murió
poco tiempo después, y según uno de los médicos que estudió la gravedad y
ubicación de las heridas del niño, Damon no pudo haber vivido más de 6 minutos,
o cuanto mucho, 9 minutos después de haber sido apuñalado la primera vez. Si se
suman los 9 fatales minutos, más la llamada al 911, más lo de la presencia del
policía, en realidad Darlie solo disponía de 2 minutos y 6 segundos para apuñalar a sus hijos, dirigirse al
garaje, atravesar la rendija en la pantalla de la ventana, pasar la puerta
trasera o saltar la cerca, correr descalza 75 yardas hasta un callejón, dejar
caer la media con manchas de sangre, devolverse en las 75 yardas, apuñalarse,
limpiar la sangre alrededor del fregadero y comenzar a gritar para despertar a
Darin.
Los fiscales no tuvieron una buena
respuesta al enigma de la línea de tiempo, y solo se limitaron a decir que el
médico simplemente estaba adivinando los 9 minutos que le tomó a Damon morir. Para
ellos, con una buena planificación, Darlie pudo haber tenido tiempo suficiente
para cometer los asesinatos y preparar la escena del crimen. Si no era así, ¿Por qué el asesino solo le cortó la garganta y apuñaló su
hombro y antebrazo en vez de hundir el cuchillo con profundidad en su cuerpo
tal como lo hizo con los niños? ¿Por qué no se aseguró haberla dejado muerta
antes de huir para que no pudiese identificarlo?
Pero una “calculadora” Darlie tal como
la descrita por ellos, ¿no habría tenido una mejor historia para contar y
mejores pruebas falsas qué plantar? ¿No se habría asegurado de que ambos niños
estuviesen muertos antes de llamar al 911, ya que los quería, de hecho,
muertos? ¿No se habría deshecho de su diario? ¿No se habría asegurado de llorar
a moco suelto cuando la mínima ocasión se presentase? Si esta mujer estaba
molesta por la falta de dinero, razón expuesta por fiscales y policías para el
crimen, ¿por qué ir tras los niños, cuyas pólizas de vida eran de 5.000 $ cada
una y no matar a Darin, con una póliza de 800.000 $? Nada más el funeral les
costó 14.000 $. Si fue por estar abrumada gracias al estrés de la maternidad,
otra de las posibles razones expuestas por la fiscalía, ¿por qué no mató a
Drake, el bebé de 7 meses y motivo de mayor atención y cuidados?
El abogado defensor de Darlie,
Doug Mulder, uno de los más prominentes y carismáticos de Dallas, se dirigió a
los miembros del jurado durante el juicio, con la pregunta casi insistente
sobre si realmente podían creer que una madre cariñosa, durante una noche de
verano, le hace unas cotufas a sus hijos, mira una película con ellos, y de
repente se vuelve una loca empuña-cuchillo. Un psiquiatra quien había acumulado
14 horas de sesiones con Darlie después de su arresto, sostuvo que ella decía la
verdad acerca de los sucesos, y que su pérdida de memoria sobre los detalles
del ataque era producto de una amnesia traumática, propia después de eventos
emocionales abrumadores. Mulder entrevistó a enfermeras en el hospital quienes
dijeron haber visto a Darlie “llorosa”, “asustada”, “en llanto”, “visiblemente
molesta” y “muy exaltada” la noche de su ingreso. Vincent DiMaio, médico
forense y jefe de servicio en San Antonio, editor en jefe de la prestigiosa
Revista de Patología de Medicina Forense, testificó que las heridas de esta
mujer en absoluto parecían autoinfligidas, y el corte de su garganta no fue
“superficial” como alegaron los fiscales. Finalmente, la propia Darlie subió al
estrado y explicó que se había parado en el fregadero de la cocina para mojar
toallas y colocarlas sobre las heridas de sus hijos, y que la escena en la
tumba de Devon era su forma sincera de desearle al niño un feliz cumpleaños,
pues esperaba que él mirara el festejo desde el cielo.
Así como hay víctimas
imperfectas, hay testigos no convincentes. Darlie podría pertenecer a ambos
grupos: lloró en momentos extraños y se puso a la defensiva, pero en extremo,
bajo el interrogatorio de Toby Shook, el veterano fiscal del condado de Dallas
quien no dejaba de criticarla por su “amnesia selectiva”. Uno de los expertos
quien atestiguó en contra, promovió de manera muy agresiva la culpabilidad de
Darlie y al final, por más circunstancial que fuese la evidencia, era demasiado
para los miembros del jurado. Durante la deliberación, vieron un reportaje
sobre el cumpleaños de Devon en el cementerio unas 7 veces y jamás les
mostraron una cinta grabada en secreto por la policía con Darlie llorosa sobre
las tumbas de sus hijos. Tampoco hubo la misma cantidad de testigos expertos
por parte de la defensa para contrarrestar a los peritos de la fiscalía,
quienes contribuyeron en montar una imagen casi perfecta de Darlie como la
rubia decolorada masca-chicle mentalmente desequilibrada que podía parecer tan indiferente
como absolutamente eufórica en torno a la muerte de sus hijos.
Luego de la condena de Darlie,
muchos simpatizantes han querido demostrar su inocencia. Un escritor del
suburbio de Lewisville en Dallas, quien publicó un libro sobre el caso, creía
que el asesino era el hijo de un detective de la policía de Rowlett. Brian
Pardo, un millonario de Waco, gastó 100.000 dólares en una investigación
independiente de los asesinatos, con análisis de escritura a mano y otras
pruebas a Darlie, además de convencer a Darin a someterse al detector de
mentiras en una prueba administrada por la policía de Waco. Según Pardo, se
demostró que Darin mentía cuando respondió en cuatro de todas las preguntas.
Darin nunca negó que no pasó la prueba, pero dijo al Texas Monthly que fue
manipulado por el examinador, quien según él pasó unas 2 horas con un millón de
molestas preguntas sobre los asesinatos, antes de conectarlo al polígrafo.
También alegó sufrir el síndrome del superviviente, en el que se imagina a sí
mismo tratando de ayudar a los niños sin lograrlo. Al parecer, uno de los
abogados de Darlie designado en un principio por el tribunal, también le hizo a
ella una prueba de detector de mentira, pero jamás ha revelado los resultados y
por lo menos hasta el año del reportaje, se negaba a hacerlo.
Para J. Stephen Cooper,
abogado de apelaciones designado por la corte de Darlie, las pruebas del
polígrafo no resultaron de ningún valor porque no son admisibles en la corte. Aun
así, Darin lo intrigaba. En 1998, a punta de café y cigarrillos y en una
oficina abarrotada en el centro de Dallas, Cooper trabajaba sin parar en el
caso entre decenas de cajas con archivos relacionados al caso. En el año 2001,
preparó su primer escrito ante el Tribunal de Apelaciones Criminales con el
propósito de lograr un nuevo juicio para Darlie. Una de las razones fue un
conflicto de intereses contra Doug Mulder. Cooper dijo que Mulder debió
plantear preguntas ante el jurado sobre la posible participación de Darin en
los asesinatos, pero no podía porque antes de aceptar a Darlie como cliente,
había representado a Darin y a la mamá de Darlie en una audiencia previa al
juicio por una orden de silencio. Cooper alegó que Mulder pudo haber extraído
algo de Darin sobre lo que realmente sucedió aquella noche, pero no lo hizo por
el tema de la lealtad al cliente. Para Cooper, esto era un punto importante
porque le parecía que Darin era un sospechoso plausible: la póliza de vida de
Darlie era de 250.000 dólares, lo cual representaba un motivo pecuniario, y al
igual que ella, tenía los medios y la oportunidad para cometer el crimen. Él
pudo cortar la pantalla de la ventana o tirar el calcetín sin preocuparse por
dejar rastros de su propia sangre.
Al ser interrogada en aquel
entonces con respecto a la posibilidad de su esposo en estar involucrado al
crimen, Darlie es categórica: “Por supuesto que no”. También lo es al preguntársele
sobre si había escuchado alguna vez algo sobre que Darin buscaba a alguien para
robar la casa antes de los asesinatos: “Nunca”, es su respuesta. Según la
declaración jurada de su padrastro, Bob Kee, en la primavera de 1996 Darin dijo
tener un plan en el cual él y su familia se irían de la casa, y justo en esos
momentos un “ladrón” contratado por él detendría un camión tipo U-Haul,
entraría por los artículos del hogar, los sacaría y mantendría ocultos hasta el
respectivo pago por su reclamo a través de la compañía de seguros. Solo faltaba
quien estuviese dispuesto a hacer el trabajito. Sin embargo, Kee, de voz suave,
quien vive con la mamá de Darlie en una pequeña granja al este de Dallas, narró
que cuando ocurrieron los asesinatos, esa conversación ni se le pasó por la
mente. De hecho, nunca dijo esa información a los abogados defensores de su
hijastra porque simplemente no conectó aquel plan con el terrible suceso.
Tampoco la madre de Darlie, la señora Darlie Kee, había querido considerar la
posibilidad de que su yerno estuviese involucrado en el crimen, pues ella lo
amaba como a un hijo. Pero en marzo del año 2000, después de que Darin parecía
molestarse cada vez más con las preguntas de Richard Reyna, el investigador
privado de Cooper, comenzó a tener sus dudas. Al poco tiempo, su esposo le
contó por primera vez los detalles sobre aquella extraña conversación con Darin
y allí corrió a llamar a J. Stephen Cooper.
Richard Reyna interrogó de
manera repetida a Darin sobre la historia de la búsqueda del falso ladrón, y
según él, logró que Darin admitiera hasta otra posible estafa hecha en 1994 con
el robo de su jaguar para poder cobrar el seguro. Según Darin, no logró
concretar los arreglos para el fraude, pero admitió haberle dicho a la persona
quien él creía que se lo había robado que no le molestaba la pérdida. Tampoco
negó que quien pudo haber irrumpido en la casa podría ser alguien que le
hubiese escuchado hablar sobre los planes de estafa al seguro, pero si eso
sucedió, fue sin su ayuda: “¿Por qué haría algo así con mis hijos y mi esposa
en la sala?”, dijo. “Es la historia más loca que he escuchado”, recalcó. Al
insistirle sobre si la historia verdadera y completa del asunto podría
conseguir un nuevo juicio y salvar la vida de su entonces esposa, dijo que
haría todo lo que pudiera por Darlie, “pero tampoco quiero terminar con algún
tipo de cargo de mierda en mi contra. No quiero ayudarla a costa de mi vida”.
Reyna se preguntaba si Darin le escondía secretos. Jamás se había hecho público
lo dicho por Darlie sobre su esposo cuando en algún momento le pidió el
divorcio: Darin estaba tan molesto que se puso una pistola en la cabeza para
responder a su amenaza de separación.
Darlie dijo que nunca habló en
serio sobre divorcio. Darin agregó que solo una vez él hizo una maleta y pasó
la noche “con una novia” para no soportar el reclamo de su esposa sobre si
estaba trabajando demasiado como para ponerle la debida atención. En cuanto al
incidente de la pistola sucedido dos años antes de los asesinatos, él lo
describió como “una mierda dramática para llamar su atención, como ella lo hace
conmigo todo el tiempo”. Agregó que ambos habían tenido disputas pero nada
serio, en realidad: “Nunca la he golpeado. Nunca la he engañado”. Al ser
cuestionado en base a la opinión de Reyna quien sugiere que él podría haber
contratado a alguien para matar a Darlie, Darin respondió disgustado: “Eso es
completamente falso y ridículo”.
Tal vez lo más lógico es
pensar que si Darin contrató a alguien para matar a su esposa, al notar que sus
hijos estaban abajo con ella, rápidamente habría cancelado el plan en vez de
arriesgar la vida de los pequeños. Si el plan era un simple robo, incluso el
mismo ladrón al ver tanta gente abajo se habría dado la vuelta y abortado el
plan. ¿En realidad, un ladrón entra en pánico al punto de buscar un calcetín en
el lavadero, envolvérselo en la mano para evitar dejar huellas, agarrar un
cuchillo de carnicero, apuñalar a los niños, cortar la garganta de la mujer y
correr tan rápido como pueda mientras deja caer el cuchillo en el lavadero y la
media en un callejón?
Otro escenario considerado por
los fiscales fue el de Darlie como la asesina y Darin como su cómplice por
querer encubrirla. Tal vez bajó las escaleras, vio la terrible escena y luego
plantó pistas falsas para tratar de evitar su arresto. Él pudo lanzar el
calcetín si dejar rastros y pudo cortar la garganta de Darlie porque su
historia sería más creíble con ella herida. O quizás Darlie, a un mes de un frágil
estado emocional, luego de una de sus peleas conyugales, decidió asesinar a los
niños y luego matarse, momento interrumpido por Darin al bajar las escaleras, quien
pudo persuadirla en dejar el cuchillo para luego plantar pistas falsas y una
escena del crimen. A todo esto, Darin respondió que cada especulación es
extravagante, y solo cree que un asaltante desconocido entró a su casa: “Amo a
mi esposa y amaba a mis hijos” dijo en aquel momento.
En el año 2003, J. Stephen
Cooper presentó la primera apelación de la condena, basada en las
inconsistencias de las pruebas en contra de Darlie Routier, además de los
problemas en el procedimiento del primer juicio, incluidos los 33.000 errores
cometidos por el taquígrafo del tribunal en la transcripción original del mismo,
un conflicto de intereses con el abogado litigante principal y errores en la
selección del jurado y las pruebas. Sin embargo, ese mismo año el Tribunal de
Apelaciones en lo Penal rechazó todas estas afirmaciones según opinión unánime
de 75 páginas.
Aquel 2003 también pudo ser el
comienzo de esa suerte de limbo matrimonial en el que entraron Darlie y Darin después
de la condena. Si es difícil que una pareja sobreviva la muerte de un hijo,
sería mucho pedir tal odisea en este particular caso. Darin, con su brazo
derecho tatuado con imágenes de Darlie y de sus hijos, siempre proclamó la
inocencia de ella. Darlie, confrontada cada año con las revelaciones sobre su
esposo y lo que pudo haber sucedido aquella fatal noche, cada vez sabía menos
qué pensar sobre él. El matrimonio se terminó en el 2011 a petición de Darin (su
abogado presentó los papeles en Lubbock ese junio) para acabar al fin con el limbo, una decisión muy difícil para
ambos pero de mutuo acuerdo, y sin que él haya cambiado de opinión acerca de la
inocencia de ella. Ahora vive con Cindy Jackson, cuyo padre, Jerry Dale Jackson,
integró a Darin y a Drake en su núcleo íntimo, al punto que su obituario en el
Weatherford Democrat a su muerte en el año 2017, enumeró al propio Drake como
uno de sus nietos.
Durante el año 2008, se le
concedió a Darlie Routier el derecho de hacer nuevas pruebas de ADN, pero las
mismas no arrojaron mayor cosa. El 29 de enero del 2014, el juez en jefe del
Distrito Occidental, Fred Biery, concedió una petición del fiscal y la defensa
del caso Routier para hacer más pruebas de ADN en relación a la huella de
sangre encontrada en la casa, al calcetín ensangrentado y al camisón que traía
ella esa noche. No se supo más nada al respecto.
Darlie, con 50 años, espera la
inyección letal por el asesinato de su hijo Damon, pues el asesinato de Devon
ni siquiera llegó a juicio. “¿Por qué está sucediéndome esto a mí? ¿Por qué les
cuesta tanto a las personas ver la verdad?”, ha dicho una y otra vez en
distintas entrevistas durante su confinamiento. “¿Cómo sucedió esto?” se
preguntaba en la entrevista del Texas Monthly mientras contaba los momentos en
que se fijaba en las sábanas grises, el piso de cemento y el orinal de acero de
su celda, y recordaba su pasado. El año que viene cumplirá la misma cantidad de
años en prisión que los vividos en libertad.
Darlie y otros miembros de la
familia han sido denigrados en los medios de comunicación desde su arresto 11
días después de los asesinatos. Durante el juicio, "los abogados de la
acusación etiquetaron a los familiares de Routier como basura de tráiler y describieron a la pareja de Rowlett como nuevos
ricos de mal gusto con prioridades retorcidas", según el Fort Worth
Star-Telegram.
Drake Routier, con 7 meses al momento de
la tragedia y ahora con alrededor de 24 años, parece haber crecido sin
resentimientos ni secuelas ante la tragedia familiar. Él suele visitar a su
madre con regularidad en la Unidad de Mountain View, donde la ve con un vidrio
entre ambos como una de las 6 condenadas a muerte dentro de la prisión de uno
de los estados con la cámara de ejecución más activa de USA.
Después de los terribles
acontecimientos, Drake pasó a un hogar temporal debido a la quiebra de su padre
y al encarcelamiento de su madre: en medio de las investigaciones, el 6 de
diciembre de 1996 el hogar familiar les fue arrebatado por el banco porque no habían
pagado los 1300 dólares mensuales de la hipoteca desde la fecha del crimen, y
Darin se vio obligado a vivir en casa de familiares; justo el 1 de enero de
1997, Darlie fue trasladada a la prisión Kerr County. Al tiempo, un tribunal
otorgó su custodia a los abuelos paternos, Sarilda y Leonard Routier, hasta que
Darin se levantó en Lubbock tanto como para lograr el retorno de Drake a su
lado.
Drake Routier le dijo a CNN
que tuvo que aceptar su identidad como el niño cuya madre está en el corredor
de la muerte. En el año 2013, con 17 años, Drake fue diagnosticado con Leucemia
Linfoide Aguda, un tipo de cáncer que le obligó a recibir quimioterapia y otros
tratamientos en el Hospital de Medicina Infantil de Dallas hasta el año 2016. En
la actualidad, él se recupera de manera satisfactoria.
Los constituyentes franceses
de 1791 se hicieron eco, aunque no con la misma intensidad, del espíritu abolicionista
de la pena de muerte que invadió el resto de Europa. Ellos eliminaron de la
lista de crímenes capitales a los atentados
en contra de las buenas costumbres, y con ello redujeron un gran número de
condenados dispuestos para el deleite de parisinos y provincianos gracias a la “buena
costumbre” de apiñarse en grandes muchedumbres y observar la carnicería de los
ajusticiados, un espectáculo público cuyo sadismo se justificaba por la
intención ejemplar de la ejecución.
Lo que Meursault “vivió” y
Camus percibió fue la respuesta de una sociedad a la que se le quitó de manera
radical un placer al que aún no estaba dispuesta a renunciar. Ambos franceses-argelinos
aceptaron al absurdo para encontrar un sentido de vida con la muerte de uno como
forma de denuncia del otro. Más allá de la utilidad de la pena de muerte, lo
que muestra el caso Routier es un intento de llevar a la práctica una herencia
cultural de ejecución a una mujer quien fue en contra de las costumbres
conservadoras, reaccionarismo que distrae del verdadero crimen atroz: dos niños
apuñalados como títeres.
El acto de cegar la vida de dos pequeños inocentes, lo más terrible de todo, no parece aquí la causa sino la
excusa para oxigenar la idea del poder sobre la vida de alguien quien osa
comportarse diferente. Una mujer debilitada por los hechos es luego denigrada al
mínimo de su expresión social, y por tanto, humana, por ser como todos zoon politikón, debido a la osadía de
creer en algún momento haber estado “por encima”. Una muestra de ello puede ser
el hecho de haber sido sentenciada solamente por el crimen de Damon. El sistema
legal invisibilizó a Devon tal como si su horrible asesinato no hubiese
requerido justicia alguna, o como si el niño nunca existió. Es factible pensar
que para los abogados defensores de Darlie, conseguir sacarla del corredor de
la muerte habría sido mucho más difícil con dos condenas encima en lugar de una
sola, tanto como es factible pensar que si los abogados acusadores no le otorgaron
la segunda, es porque tal vez, en el fondo, ellos y quienes integran todo ese
sistema, creían que ella no debía estar allí para siempre.
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